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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Libro de Apocalipsis: Canonicidad, autor y título

El Apocalipsis es una grande y valiosa consumación de las Escrituras. Bien puede ser considerado como un segundo Génesis: el principio del nuevo mundo de la vida espiritual perfecta en la ciudad de Dios. Así como el Génesis es el libro de las primeras cosas, el Apocalipsis es el libro de las últimas.
Este libro fue admitido en el canon de las Escrituras por sus propios méritos y, con excepción de las dudas sobre su autor, fue aceptado con muy poca oposición. Como parte integral de las sagradas Escrituras, Apocalipsis no debería ser evadido debido a su naturaleza predominantemente simbólica.
Aunque los teólogos liberales disputan sobre la paternidad literaria juanina de Apocalipsis, sus objeciones no nos apartan de la seguridad de que Juan, el discípulo amado (el que escribió el cuarto evangelio y las tres epístolas que llevan su nombre), fue también el autor de este último libro de la Biblia. No se puede ignorar el testimonio de la Iglesia primitiva en cuanto a la paternidad de Juan. El Apocalipsis es citado con el nombre de su autor en fechas aun más antiguas que cualquier otro libro del Nuevo Testamento, con excepción de 1 Corintios. En su evangelio, como también en sus epístolas, Juan escribe en tercera persona, mientras que en el Apocalipsis se menciona a sí mismo cinco veces y escribe en primera persona (1:1, 4, 9; 21:2; 22:8).
En la mayoría de los casos, los escritores de las sagradas Escrituras no les asignaron títulos a sus libros. El título de este libro no es como ponen algunas traducciones antiguas, El Apocalipsis o Revelación de San Juan el divino, como si se le atribuyera al apóstol alguna santidad o cualidad especial.
Este libro contiene la revelación de Jesucristo, que le fue dada a Juan (1:1-3). Juan fue el que recibió la revelación; no su autor. Aunque a menudo se hace referencia a este libro como "el libro de las revelaciones", y a pesar de que contiene varias visiones que recibió Juan mientras estaba en el Espíritu, éstas fueron esencialmente una sola que recibió en un solo día, "el día del Señor" (1:10). La unidad del libro se expresa en sus primeras dos palabras: La revelación.

Lectores originales
Los lectores originales de Apocalipsis fueron los miembros de las iglesias de Asia Menor, la cual era notable por el número y la riqueza de sus ciudades. Las siete iglesias mencionadas en el libro fueron centros importantes de los cuales se extendió el Evangelio al este y al oeste. El Apocalipsis es para la Iglesia de todo el mundo y de todas las generaciones. Aquí Cristo se manifiesta así mismo a todas las iglesias (2:23; 22:16). ¡Qué poderoso avivamiento espiritual experimentarían las iglesias de hoy si vivieran a la luz de este último libro de la Biblia!
Fecha
Efeso era el centro desde el cual Juan supervisaba las iglesias de Asia Menor en lo que se refería a asuntos espirituales. La escritura del libro ocurrió mientras Juan era prisionero de Roma en la isla de Patmos ya casi al final del gobierno del emperador Domiciano (probablemente cerca del año 90 d.C.). Sin embargo, Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia primitiva, opinaba que este libro había sido escrito durante la persecución de Nerón, alrededor del año 64 d.C. Los eruditos modernos suelen preferir esta fecha más temprana.
Propósito
El propósito del Apocalipsis queda indicado en su prólogo. El libro fue escrito para mostrarnos "las cosas que deben suceder pronto". Entre las actividades del Espíritu Santo debemos distinguir las dos siguientes:
-- Guiarnos a toda verdad.
-- Manifestarnos las cosas que vendrán (Juan 16:13).
La primera se encuentra especialmente en los evangelios y en las epístolas; la segunda de estas actividades se halla especialmente en Apocalipsis. En este libro de profecía práctica, el pueblo del Señor recibe aliento para soportar las pruebas y se siente motivado a ser fiel a Dios, gracias a la visión de la derrota final del mal y el triunfo eterno de la justicia divina.
En cierto sentido, el Apocalipsis es una visión de filosofía cristiana sobre la historia del mundo. Sus páginas están repletas de entusiasmo poético y profético. Es un libro de guerras, pero también lo es de una paz triunfante y eterna. Apocalipsis significa revelación, descubrimiento, la acción de descorrer un velo para manifestar algo que ha estado oculto o encubierto. De manera que el libro contiene secretos revelados por Dios a Cristo y por El a Juan y a la Iglesia.
Por las figuras, el enfoque y las expresiones, el Apocalipsis es muy parecido al libro de Daniel. Tanto, que muchos lo han llamado "el Daniel del Nuevo Testamento". En su evangelio y en sus epístolas, Juan presenta la misma idea dominante de Apocalipsis, es decir, el conflicto entre la fe y la incredulidad y la victoria final de la fe. Las enseñanzas básicas del Apocalipsis pueden encontrarse en Mateo 24. El lenguaje usado para la apertura del sexto sello (Apocalipsis 6:12-17) es el mismo que utilizan los profetas del Antiguo Testamento en su descripción del día del Señor.
Apocalipsis es un todo unificado y provee un bosquejo profético del curso de la historia de la Iglesia desde el período apostólico hasta el arrebatamiento al efectuarse la segunda venida de Cristo, y también de los juicios subsecuentes para mostrar la culpabilidad de un mundo impío y sin Dios. El estilo de este libro es apocalíptico y las escenas de su incomparable drama se desarrollan en una escala de grandeza sin par. La tierra se estremece bajo el impacto de la batalla y bajo los golpes de los juicios de Dios. Son expuestos a la vista los horrores interminables del abismo y los goces eternales de los cielos. El orden de los acontecimientos es como sigue:
-- 1. La presente dispensación culminará en una apostasía y un período de tribulación sin precedentes.
-- 2. El hombre de pecado se manifestará, asumirá la supremacía política y reclamará adoración y homenaje religioso.
-- 3. La verdadera Iglesia de Cristo será arrebatada al cielo y el hombre de pecado establecerá un pacto con los judíos. Pero él violará este tratado con el pueblo de Israel, reunirá fuerzas de otras naciones contra los israelitas y luchará por exterminar totalmente al antiguo pueblo de Dios.
-- 4. Cristo aparecerá con gran poder y gloria y destruirá al hombre de pecado y al falso profeta. Lanzará al diablo que los había estado inspirando, al abismo sin fin, por un período de mil años.14 Apocalipsis
-- 5. El período milenial será inaugurado entonces. El pecado será suprimido, pero no exterminado. Cristo regirá con vara de hierro, disfrutándose entonces de una paz universal y de la constante bendición de Dios.
-- 6. La liberación temporal de Satanás tendrá por consecuencia el engaño y el reclutamiento de las naciones que seguirán al enemigo de Dios en la última revuelta de la tierra. Esta revuelta será aniquilada por medio de castigos desastrosos que caerán sobre los rebeldes y sobre su líder.
-- 7. El juicio final será establecido y Cristo, como Juez supremo, presidirá la condenación definitiva de los impíos.
-- 8. La eternidad futura, con sus destinos permanentes, se iniciará inmediatamente después de que Cristo le haya entregado el reino al Padre. Entonces Dios será todo en todos.
Hechos y características del Apocalipsis
Palabras clave y pasaje central
Juicio. Apocalipsis es un libro que está repleto de juicios, que empiezan en la casa de Dios y continúan hasta que los impíos son debida y definitivamente castigados. Las palabras juez y juicio aparecen quince veces en el Apocalipsis.
Profecía. Esta palabra se usa siete veces, demostrando que el contenido del libro es dedicado al futuro, más bien que al pasado histórico.
Testigo. Este término se usa seis veces: cuatro veces como testigo y dos como mártir. (Estas dos palabras son traducidas de la misma palabra griega.) El testimonio de Jesús es dado, ya por El o por otros acerca de Él. Las palabras testimonio y testificar aparecen doce veces en el Apocalipsis.
El pasaje central o versículo clave del libro es "He aquí que viene" (1:7). La repetición de la frase "Yo vengo pronto" nos recuerda que el Cristo resucitado, el que vive para siempre, viene como el Vindicador para tomar para sí mismo el poder y el reino. Esta esperanza nos garantiza la aplicación final de la ineludible justicia de Dios. La clave para el futuro está en la mano horadada de Cristo Jesús, en quien tenemos "nuestro tesoro, el verdadero valor de lo que aún no somos capaces de imaginar".
Sus características y su Cristología
El Apocalipsis está marcado con la señal de la cruz, con el conflicto concerniente a la Persona de Jesucristo, como el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo. A través de todo el libro persiste una nota de paciencia, de fe y de sufrimiento, de amor fraternal y de esperanza firme. La cruenta batalla entre la luz y las tinieblas se describe en vividos colores. Se hace muy poca mención del amor en Apocalipsis; se habla más de la ira. Cualesquiera que sean los eventos que marquen los cambios y el desarrollo del conflicto, el resultado final no es incierto. La rivalidad de los poderes de las tinieblas se ilustra por medio de una serie de contrastes:
-- Los siervos de Dios son sellados; el anticristo sella a sus seguidores.
-- La Iglesia es descrita como una mujer vestida con el sol; la iglesia apóstata del anticristo se ve adornada con joyas.
-- El Cordero fue inmolado y volvió a vivir; la bestia recibe una herida mortal, pero vuelve a la vida.
-- Jehová será adorado; el anticristo reclamará adoración.
-- Cristo tiene testigos verdaderos; el anticristo tiene su falso profeta.
Puesto que ésta es una revelación de Cristo, uno espera que el libro esté lleno de Él... ¡y lo está! La Persona y obra de Jesucristo dominan sus páginas. El doctor G. Campbell Morgan observa con toda razón que "cualquier estudio del Apocalipsis que no se concentre en Cristo y que no vea todas las demás cosas en torno a Él, puede conducir al lector al más confuso laberinto". Vea el siguiente análisis:
1. Los nombres que recibe
Jesucristo (1:1; etc.)
Jesús (22:26; etc.)
Señor Jesús (22:20; etc.)
Señor Jesucristo (22:21; etc.)
Cristo (20:4, 6)
El Cristo de Dios (11:15; 12:10)
El Cordero (más de veinte veces)
El Rey de reyes (19:16; etc.)
El Fiel y Verdadero (19:11)
La Palabra de Dios (19:13)
El nombre desconocido (19:12)
La raíz y linaje de David (22:16)
La estrella de la mañana (22:16)
2. Su Persona gloriosa
Se le atribuyen atributos y nombres divinos a Jesús, en quien mora toda la plenitud de Dios.
Él es divino y humano; es poseedor de dos naturalezas (5:15; 22:16).
Él es el Primero y el Ultimo, y todo lo demás (1:17; 2:8).
Él es la Palabra viva de Dios (19:13).
Él es el que escudriña los corazones (2:23).
Él es el anciano de días (1:14).
Él es el Señor de los ángeles (1:1; 22:26).
Él es objeto de adoración y alabanza (5:8-14; 7:12).
3. Sus múltiples obras
Él es fiel en su testimonio de Dios y su Palabra (1:5; 3:14).
Él es el conquistador de Satanás (3:21; 5:5; 20:10).
Él es el Crucificado (5:6, 12; 7:14; 13:8).
Él es el Resucitado (1:18; 2:8; 3:21; 22:1, 2).
Él es el Rey exaltado (1:5; 3:7; 17:14).
Él es el que viene (1:7; 19:11, 19; 22:20).
Apocalipsis: Interpretaciones y lecciones
El Apocalipsis ha sido siempre campo de batalla entre los diferentes sistemas de interpretación. Muchos de los aparentes misterios de Apocalipsis sólo podrán ser resueltos y entendidos cuando tengan su cumplimiento final. Las siguientes son las principales en que se agrupan los intérpretes de este libro.
Los pretéritas
Los pretéritas relegan al pasado todo lo que hay en el Apocalipsis y creen que todas las profecías que hay en él ya se cumplieron totalmente. (La mayor parte de las profecías son relegadas a la destrucción de Jerusalén y la caída de Roma durante los primeros siglos de la era cristiana.) Sin embargo, cuando la profecía se convierte en historia, deja de ser profecía. El Apocalipsis es considerado clara y distintamente como un libro de profecía.
Los historicistas
Los historicistas interpretan el Apocalipsis como un estudio progresivo de la existencia de la Iglesia desde su inicio hasta su consumación. Los que sostienen este punto de vista histórico-continuo aseguran que las profecías se han cumplido parcialmente, pero que hay en ellas algo que todavía no se ha cumplido. Algunas de éstas, ellos afirman, se están cumpliendo ante nuestros propios ojos.
Los futuristas
Hay dos grupos principales en esta escuela de intérpretes. Primero están los simples futuristas, quienes enseñan que los tres primeros capítulos del libro ya se cumplieron, pero que el resto se refiere al aparecimiento futuro de Cristo. Luego están los futuristas extremos, quienes consideran que todo el Apocalipsis se refiere a la segunda venida del Señor, y que los tres primeros capítulos son una predicción referente a los judíos después de la primera resurrección.
También están los tríbulacionistas. Algunos tribulacionistas creen que la Iglesia no será arrebatada al final de lo que se describe en el capítulo 3, sino que se quedará sobre la tierra durante los primeros tres años y medio de la Tribulación y no será raptada sino hasta cuando suene la séptima trompeta de 11:15. Los defensores de esta interpretación enseñan que debemos seguir a la Iglesia a través de los sellos y las trompetas. La Iglesia visible debe pasar por toda la Tribulación, pero la invisible deberá ser arrebatada antes de que empiece la segunda mitad de la Tribulación, que será un período de juicios y castigos terribles que se derramarán sobre los pecadores de la tierra.
Otros tribulacionistas creen que la Iglesia pasará por toda la Tribulación. Creen que Cristo no regresará por los suyos sino hasta que regrese con poder y gran gloria. Sin embargo, puesto que los sellos, las trompetas y las copas están relacionados a los juicios venideros, y se aplican solamente a judíos y gentiles, en realidad la Iglesia no puede estar sobre la tierra después de Apocalipsis 3, porque la Iglesia no está sujeta a juicio. Nuestra posición en esto es que el Señor salvará a los suyos de los horrores de la Tribulación. "Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran en la tierra" (Apocalipsis 3:10; vea también 1 Tesalonicenses 1:10).
Los idealistas
Los idealistas le niegan todo significado histórico o profetice al Apocalipsis y en lugar de eso, lo ven simplemente como una presentación simbólica del conflicto entre el bien y el mal y de la victoria final del bien (aplicable a todos los tiempos y épocas).
Los moderados
Quizá la verdad esté en medio de los puntos de vista extremos, ya que la profecía es frecuentemente progresiva o acumulativa. Por lo tanto, es posible combinar el sistema interpretativo histórico con el futurista. Los que vivieron en la época de Juan y fueron objeto de persecución y sufrimientos a manos de los emperadores romanos experimentaron algo del cumplimiento de lo que Juan profetizó. Pero las persecuciones del primer siglo no agotaron las predicciones de Juan, porque éstas señalan hacia un cumplimiento más completo, tal como el mismo Juan parece indicarlo en la guía de interpretación que nos da en las propias palabras de Cristo:
"Escribe las cosas que has visto" (refiriéndose a la visión gloriosa que tuvo Juan y describe en el capítulo 1);
"Las que son" (la historia de la Iglesia, tal como está bosquejada en los capítulos 2 y 3);
"Las que han de ser después de estas" (todo lo que ha de suceder después del rapto de la Iglesia, como se presenta en los capítulos 4—22).
Por lo tanto, el cumplimiento total de esta sección está todavía en el futuro. Entonces serán realizadas todas las predicciones y las promesas de los profetas, y el reino del Mesías será establecido.
J. B. Phillips bosqueja cinco lecciones importantes que podemos aprender del Apocalipsis:
1. La soberanía absoluta de Dios tiene por resultado su decisión final de destruir todas las formas del mal.
2. Los inevitables juicios de Dios serán derramados sobre el mal, especialmente la adoración de los dioses falsos, entre los cuales se hallan las riquezas, el dominio y la fama.
3. La necesidad de una espera paciente está basada en la seguridad de que Dios controla toda la historia.
4. La existencia de la realidad (representada bajo símbolos como la Nueva Jerusalén, segura y alejada de todas las batallas y tribulaciones de la vida terrenal) les promete seguridad espiritual completa a aquellos que son fieles a Dios y a Cristo.
5. La contemplación de la adoración dirigida constantemente a Dios y al Cordero demuestra lo que será el reconocimiento final de la personalidad de Dios por parte del hombre, cuando éste lo vea tal como Él es.
Personajes y escenas del Apocalipsis
EL NUMERO SIETE se repite con mayor frecuencia que cualquier otro número en el Apocalipsis, pues el libro completo está construido alrededor de series de sietes. Tal como se usa aquí, el número siete es rico en significado y representa la plenitud. Este número ocupa un lugar muy importante en toda la Biblia y a menudo sugiere perfección espiritual.
La palabra hebrea de la cual viene la palabra siete, tiene una raíz que significa "estar completo", "estar satisfecho," "tener suficiente." La primera vez que aparece el número siete en las Escrituras es en un pacto: "E hicieron ambos pacto." Y el pacto estaba basado sobre "siete corderas" (Génesis 21:27-31). Fue la idea de la perfección de un vínculo la que hizo que se usara la misma palabra para hablar de un voto y para mencionar el número siete.
Los Siete Espíritus
La séptuplo manifestación del Espíritu Santo (Apocalipsis 1:4).
Sin lugar a dudas, el Apocalipsis es uno de los más fascinantes y valiosos de los libros de la Biblia, ya que en él Juan pudo divisar el transcurso del tiempo y revelar el programa divino de las edades. Si bien hay muchas cosas que nosotros podemos entender, no podremos tener un conocimiento completo del libro hasta que los sucesos futuros esbozados en él tengan su cumplimiento total.
Es un libro salido de una prisión
¡Cómo ha enriquecido la vida de la Iglesia la literatura carcelaria (incluyendo las epístolas carcelarias de Pablo y El Progreso del Peregrino, de John Bunyan)! Desterrado en la isla de Patmos por el emperador Domiciano cerca del año 96 d.C-, en la soledad de aquel paraje inhóspito, Juan recibió la revelación más maravillosa que jamás se haya dado a la humanidad.
Roma, la ciudad de las siete colinas, quedaba al oeste de la isla de prisión de Juan, y Palestina, el río Eufrates y Babilonia estaban al oriente. Fue en esta situación geográfica donde el apóstol Juan recibió la visión. Todos estos lugares figuran prominentemente en Apocalipsis.
Es un libro de profecía
Los dos grandes libros profetices de la Biblia — Daniel y Apocalipsis — deben ser estudiados juntos, porque el uno es la contraparte y el complemento del otro. Por eso el Apocalipsis ha sido llamado "el Daniel del Nuevo Testamento." El Apocalipsis es predominantemente profetice. La palabra "profecía" aparece siete veces en él; por tanto, lleva el sello de la profecía, cuya raíz se encuentra en casi todo el resto de la Biblia y cuyo fruto se halla en este último libro sagrado.
La profecía representa una verdad declarada que no ha sido cumplida todavía. Cuando una profecía en particular se cumple, se convierte en historia. Por supuesto, en cierto sentido la profecía es historia anticipada. Se les hacen solemnes advertencias a aquellos que traten en alguna manera de adulterar las profecías contenidas en el Apocalipsis. Vea Apocalipsis 22:18, 19.
Es un libro de bendiciones
El Apocalipsis empieza y termina con una bendición. Esa bendición es nuestra si lo leemos en constante oración y obedecemos lo que leemos (1:3). Esa bendición es nuestra si vivimos a la luz de la verdad revelada (22:21). Las palabras "bendición" y "bienaventurado" aparecen siete veces en Apocalipsis, y hay bendiciones y bienaventuranzas dispersas a través del libro.
Es un libro que debe ser entendido
Algunas personas piensan que debemos considerar el Apocalipsis como un enigma de la Iglesia. Como dice un crítico: "Mientras más se estudia, menos se sabe de él." Sin embargo, este es un libro de Revelación — no de misterio, ni de cosas encubiertas. El nombre "Apocalipsis" significa revelar, descubrir, correr una cortina, revelar algo que ya no puede estar encubierto. Es verdad que el Apocalipsis es un libro altamente simbólico, pero es difícil hallar un símbolo en él que no esté explicado en alguna otra parte de las Escrituras. Por lo tanto, debemos tratar de entender un pasaje de la Escritura relacionándolo con otro (1 Corintios 2:13). El Apocalipsis contiene unas 300 alusiones a otras partes de la Biblia.
Lo que le fue revelado a Daniel, iba a ser revelado en el período final de la época de los gentiles: "Los entendidos comprenderán" (Daniel 12:9, 10). Sucesos que sólo fueron mencionados por Daniel, han sido completamente revelados ahora por Dios a sus siervos. A la mente sin discernimiento, buena parte del Apocalipsis puede parecer-le oscura, inexplicable, imposible de comprender; pero para aquellos que confían en el Espíritu que inspiró a Juan para escribir el libro, su plan y su propósito son muy claros. No obstante, en nuestros esfuerzos por entender el Apocalipsis debemos tener presente el sabio comentario del obispo Newton: "Explicar este libro a la perfección no es el trabajo de un hombre ni de una época, y probablemente no llegará a ser entendido claramente hasta que se haya cumplido."
Es un libro de esperanza
La desesperación cuelga como una nube negra sobre las aspiraciones de los hombres, porque las nuestras son las páginas más oscuras de la historia de la humanidad. Con el despliegue actual de las fuerzas revolucionarias, somos testigos del suicidio de la civilización. Los valores de la civilización están pereciendo. La barbarie y el crimen son el orden del día. Nuestro mundo ha sido quebrantado y ensangrentado por el odio humano. Pero el mensaje claro e inequívoco del Apocalipsis es el triunfo final del bien sobre el mal.
En esto no hay dudas: los lamentos de la tierra han de cesar, porque viene un Rey que establecerá un reino universal de paz y de justicia. Es aquí, en este maravilloso libro, donde podemos respirar el aire tranquilo de la victoria decisiva del bien sobre las fuerzas del mal.
Este libro tiene un plan
Juan declara que recibió órdenes divinas de presentar los hechos concernientes a Uno...
-- que es — presente
-- que era — pasado
-- que ha de venir — futuro
Juan escribe acerca de:
-- las cosas que ha visto — pasado
-- las cosas que son — presente
-- las cosas que han de ser después de éstas — futuro.
Vea Apocalipsis 1:4, 19; 4:1. El libro está estampado con el número siete, que se repite cuarenta y cinco veces, lo cual sugiere que su estructura se compone de una serie de sietes. El Apocalipsis no es un libro compuesto de símbolos indescriptibles y fantásticos, sino que contiene el único plan digno de confianza sobre los siglos venideros (vea 1:3; 19:10; 22:7, 10, 18, 19).
Ahora concentraremos nuestra atención en el aspecto más necesario y sin embargo más descuidado del Apocalipsis: su énfasis en la realidad y las actividades del Espíritu Santo, quien es figura prominente del libro, especialmente en conexión con la Iglesia que Él trajo a existencia el día de Pentecostés. Parecería como si se estuviera presentando una misma relación en siete aspectos diferentes a través de los 22 capítulos del libro.

Apocalipsis: Su relación con la inspiración
Si bien es cierto que Jesús no dejó un mensaje escrito directamente por Él, y que el mismo Espíritu Santo nunca compuso directamente una epístola; sin embargo, tanto Cristo como el Espíritu Santo inspiraron a los profetas y a los apóstoles para que presentaran las verdades que ellos querían que la Iglesia y el mundo conocieran. Así fue cómo unas mentes humanas recibieron y unas manos humanas pusieron por escrito la voluntad y la Palabra divina. Como sabemos, el Espíritu Santo es preeminente como inspirador de la verdad: "El Espíritu habló por mí" (2 Samuel 23:1-3); "El Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos" (1 Pedro 1:11); "Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21).
El apóstol Pablo, más que cualquier otro escritor del Nuevo Testamento entendió, experimentó y declaró el multiforme ministerio del Espíritu Santo. Pablo se refirió a Él como: "el Espíritu de sabiduría y de revelación" (Efesios 1:17). Es el Espíritu Santo quien descorre la cortina para manifestar el conocimiento de Cristo. En el cumplimiento de esta función, Él obró en el corazón y en la mente del apóstol Juan, capacitándolo para darnos la "revelación de Jesucristo." Juan fue el escritor de este libro, pero el Espíritu Santo fue su verdadero autor. De ahí que la Trinidad divina esté involucrada en varias partes del libro. El Apocalipsis procede del Trino Dios: Dios (Padre) (1:1) Cristo (1:5) el Espíritu (1:4)
Juan recibió una orden: "Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia" (1:11). Como hombre santo, escribió mientras era dirigido por el Espíritu Santo. Es imperativo tomar nota de los verbos de experiencia usados aquí y en varias partes del libro:
Lo que ves
Escribe lo que ves
Escribe lo que ves y envíalo.
A. ¡Lo que ves!
Frases como "yo oí," "yo vi," "yo miré" y "yo presencié" abundan en las páginas de Apocalipsis y a la vez indican las verdaderas experiencias de Juan. Las visiones que él puso por escrito no fueron producto de su propia imaginación, sino revelaciones de personas y de sucesos que el Espíritu Santo le dio. El secreto de las revelaciones simbólicas que recibió Juan se halla en una repetida frase: en el Espíritu (1:10; 4:2; 17:3; 21:10). Como creyente de mucha experiencia, Juan ya estaba "en el Espíritu" en contraste con su previo estado no regenerado, cuando estaba "en la carne". (El ya no estaba "en Adán", sino "en Cristo" — Romanos 8.)
Pero en el sentido en que Juan usa esta frase en cuatro ocasiones distintas, "en el Espíritu" o "yo estaba en el Espíritu" implica un control sobrenatural de todas sus facultades humanas por el Espíritu Santo. Se encontraba fuera de toda conciencia de espacio, sentidos y tiempo y transportado a otro estado de la existencia que no era visible para los demás. Durante los momentos mencionados por Juan, él sentía que todo su ser interno estaba absorto por las visiones celestiales. Se sentía abstraído de la conciencia inmediata de las formas de la vida externas y terrenas.
Se dice que Sócrates tenía la facultad de desligarse de la influencia de su vida exterior y concentrarse en pensamientos profundos por horas y hasta por días, inconsciente del calor del día o de las burlas de sus asombrados amigos. Otros hombres de alma noble, preocupados por el bienestar espiritual de la humanidad, han sido capaces de practicar este tipo de separación; pero en el caso de Juan, fue el Espíritu Santo quien le dio el poder para lograr esa abstracción espiritual.
Ciertamente, Juan era un hombre santo y estaba habituado a largos períodos de comunión con Dios y meditación, y fue en uno de esos períodos de reflexión espiritual, un día del Señor, cuando se halló transportado por el Espíritu a lugares celestiales. Así fue como su naturaleza meditativa y los dulces y preciosos recuerdos de Cristo lo prepararon para aquellas visiones extraordinarias. Esta trasposición del ser interno a otro mundo también fue experimentada por otros santos de la Biblia, los cuales también recibieron visiones y revelaciones procedentes de un poder sobrenatural, distinto de sus propias facultades mentales. Sus poderes naturales eran suspendidos mientras se encontraban controlados por el Espíritu Santo. Vea 1 Reyes 18:12; Isaías 6; Ezequiel 3:12, 14; 37:1; Hechos 8:39; 2 Corintios capítulo 12.
La combinación de las dos frases "en la isla de Patmos" y "en el Espíritu" (1:9, 10) prueba que las limitaciones geográficas no son un estorbo para las visiones espirituales. Patmos era la esfera, pero el Espíritu era la atmósfera. La extremadamente triste e inhóspita isla de Patmos en el mar Egeo, no constituyó una barrera para que Juan recibiera la revelación de Cristo.
Todo lo que Juan vio mientras se encontraba en aquel estado extático, tenía autoridad divina. De ahí el frecuente uso de la expresión "Estas palabras son fíeles y verdaderas" (19:9; 22:6-10).
B. ¡Escribe lo que ves!
Juan tenía que escribir lo que estaba experimentando. Dirigido por el Espíritu, puso por escrito aquella revelación sublime. Doce veces se le dijo que escribiera. Es probable que nosotros no seamos capaces de escribir volúmenes, pero lo que escribimos puede decir tanto como esos volúmenes si somos fieles en escribir lo que recibimos del Espíritu Santo. Ezequiel tuvo que escribir para decir todo lo que había visto en visión (Ezequiel 12:21-25). Fue diferente el caso de las revelaciones celestiales de Pablo: cuando él fue arrebatado al paraíso, escuchó palabras inefables, pero sus labios fueron sellados para que no dijera lo que había visto y oído (2 Corintios 12:1-7). El aguijón que tenía en su carne le evitaba exaltarse sobremanera en cuanto a la abundancia de sus revelaciones. Pero en el caso de Juan, una y otra vez se nos amonesta guardar esas cosas que él recibió y escribió (Apocalipsis 1:3, etc.).
C. ¡Escribe y envía lo que ves!
¡Cuan desafortunada hubiera sido la Iglesia si Juan no hubiera aceptado la misión de registrar la Revelación otorgada a él por el Espíritu Santo! Pero el apóstol obedeció la voz divina y les dio a las iglesias de su tiempo esta preciosa revelación, con la exhortación de que hay que leerla y con la promesa de que una bendición divina vendrá sobre todo aquel que lea el libro sagrado y obedezca sus instrucciones.
Apocalipsis: Su relación con la profecía
A través de la revelación bíblica sobre el ministerio del Espíritu Santo, nosotros sabemos que Él se identifica particularmente con la profecía. El Señor declaró que la doble misión del Espíritu Santo sería guiar a los apóstoles a toda verdad y enseñarles las cosas que habrían de venir. El resultado de lo primero son los evangelios y las epístolas, mientras que el resultado de lo último es el Apocalipsis, en el cual se nos muestra la consumación hacia la cual apuntan anticipadamente otras secciones de la Biblia. Fue el mismo Espíritu Santo quien inspiró a los profetas del Antiguo Testamento para "testificar de antemano" acerca de los sufrimientos y de la gloria de Cristo. El Apocalipsis está estampado con el sello de la profecía, porque esta palabra aparece siete veces en sus páginas. De esta manera, las raíces de la profecía están en los demás libros de la Biblia, pero su fruto se ve en este último libro.
En la misma orden de escribir, Juan recibió instrucciones para bosquejar las principales divisiones de la revelación que había recibido. Escribe:
-- las cosas que has visto
-- las cosas que son
-- las cosas que han de ser después de estas.
(Vea Apocalipsis 1:19.) Las cosas pasadas se refieren a la visión de Patmos del Cristo glorificado, su Persona y su posición (1:4, 18, 19).
Las cosas presentes se refieren a la historia de la Iglesia desde el día de Pentecostés hasta el rapto (capítulos 1, 2, 3).
Las cosas futuras se refieren a todo lo que ocurrirá desde el traslado de la Iglesia, cuando Cristo venga en las nubes (capítulos 4 al 22).
La mayor parte del Apocalipsis es material profetice; contiene la consumación de todas las tradiciones pasadas y es el único libro del Nuevo Testamento que encierra tanto material de naturaleza profética. Como miembro de la Trinidad divina, el Espíritu Santo conoce el fin desde el principio y pudo por lo tanto darle a Juan un panorama de los sucesos futuros. Aquí tenemos una profecía práctica, en la cual el pueblo del Señor es exhortado a permanecer fiel, por medio de las visiones simbólicas de la derrota final de todo lo malo. La victoria final de Jesucristo está profetizada y nuestros corazones reposan tranquilos ante la seguridad de que la mano horadada del Cordero tiene la llave de todo el futuro.
Apocalipsis: Su relación con la plenitud
Una frase que asombra a muchos, "los siete Espíritus," aparece cuatro veces en el Apocalipsis: 1:4; 3:1; 4:5; 5:6. Esto indica la plenitud del poder del Espíritu y también la diversidad de sus actividades. No hay siete Espíritu Santos, sino sólo uno. . . "un Espíritu" (Efesios 4:4) Siete es el número de la perfección, y el Espíritu Santo reúne en sí mismo todos los atributos de la Deidad. Él es el Espíritu de la unción, y como tal, imparte sus dones séptuplos, posee un poder séptuplo y derrama su séptuple gracia. El Espíritu Santo estaba en el profeta Isaías cuando él se sintió impulsado, en Isaías 11:2-5, a testificar de antemano que cuando Cristo volviera como Rey, el Espíritu reposaría sobre Él, capacitándolo para ejercer su función gubernamental en una forma séptuple:
-- 1. como el Espíritu de Jehová
-- 2. como el Espíritu de sabiduría
-- 3. como el Espíritu de entendimiento
-- 4. como el Espíritu de consejo
-- 5. como el Espíritu de poder
-- 6. como el Espíritu de conocimiento
-- 7. como el temor de Jehová
En Zacarías leemos sobre la operación gubernamental del Espíritu, quien a través de su séptuple ministerio hará que la tierra se regocije (Zacarías 4:6, 10). La frase apocalíptica "los siete Espíritus" es por lo tanto otra manera de expresar la plenitud, la perfección y los diversos atributos del Espíritu Santo, que es uno, y quien debe ejercer su diversificada acción de gobierno bajo la autoridad del trono de Dios. (Vea Lucas 4:18, 19.)
Apocalipsis: Su relación dentro de la Trinidad
La tercera Persona de la Trinidad divina es igual, coexistente y coeterna con el Padre y con el Hijo: "tres en uno, bendita Trinidad". Por ser Dios, el Espíritu posee todos los atributos divinos, algunos de los cuales son puestos de relieve en el Apocalipsis.
A. Divinidad
El apóstol Juan habla repetidas veces del Espíritu diciendo que es "de Dios": "los siete Espíritus de Dios". El apóstol también asocia al Espíritu con el Cordero inmolado (5:6), y descendió en Pentecostés como "el Espíritu de Cristo". El era el Don prometido, tanto por el Padre como por el Hijo, y era igual a los dos en substancia. El Espíritu Santo no sólo procede de Dios, sino que es parte integral de la Trinidad. Lucas se refiere a Él llamándolo Dios (Hechos 5:3, 4) Por lo que nosotros amamos, adoramos y obedecemos al Espíritu Santo como a Dios el Espíritu.
B. Autoridad
En vista de que la palabra "trono" aparece más de treinta veces en el Apocalipsis, no hay duda de que este es "el libro del trono" y nos viene con toda la autoridad del terrible tribunal de Dios. Se dice que el Espíritu Santo está delante de ese trono y que viene a Juan desde él (4:5). Junto con los ángeles y los seres vivientes que están alrededor y en medio del trono, el Espíritu Santo comparte su asociación con la autoridad judicial de Dios. En el libro de los Hechos vemos la energía y la gracia del Espíritu Santo en los individuos; en las epístolas vemos su presencia en la Iglesia. Pero el pensamiento principal en el Apocalipsis es la proclamación que hace el Espíritu de que el hecho de que Dios gobierne la tierra está totalmente de acuerdo con la justicia de su trono. Como procedente del trono, el Espíritu Santo gobierna la tierra, llegando a ella desde el cielo.
No lo vemos en el Apocalipsis como el Consolador que mora en todo creyente (aunque eso fue Él para Juan en la soledad de su celda en la prisión y también para todos los santos que sufrían persecución en ese tiempo), sino más bien se nos presenta como "el Señor, el Espíritu", ejerciendo la prerrogativa divina de la autoridad. Cristo dijo que cuando el Espíritu viniera a la tierra en su plenitud. El no hablaría de su propia iniciativa o autoridad, sino únicamente declararía lo que oyera (Juan 16:13-15). Y aquí Juan escribió que el Espíritu funciona de esa manera; llega a él procedente del trono, con el mensaje autorizado de Dios.
C. Santidad
Otro atributo de la deidad que comparte el Espíritu es el de la santidad inmaculada. "Nuestro Dios es fuego consumidor", y por lo tanto no puede tolerar ninguna cosa ajena a su naturaleza tres veces santa. ¿Cómo podría El soportar algo contrario a su propio ser? Ocurre lo mismo con el Espíritu, quien es uno con el Padre y con el Hijo en su aborrecimiento del pecado. Este es el significado de la descripción simbólica del Espíritu como "siete lámparas de fuego" ardiendo delante del trono (4:5). Como el símbolo de las siete lámparas de fuego, Él posee la perfección de la santidad representada por el trono (Salmo 89:14; 6:1-3); una santidad que escudriña y destruye todo aquello que es contrario a la santa naturaleza de la Trinidad.
Walter Scott observa que el símbolo que se usa aquí denota "la plenitud del Espíritu en su acción gubernativa. Aquí no se ve al Espíritu salvando a los hombres por medio de la predicación del Evangelio, ni a través de ninguno de sus diversos ministerios en la Iglesia, sino que es presentado en armonía moral con el trono mismo. Las lámparas hablan de iluminación, y el fuego sugiere un elemento vigorizante de limpieza y purificación. Por ser la llama inextinguible, el Espíritu ilumina, purifica y destruye. Él posee un discernimiento activo y perfecto de todos los asuntos y elementos que están enjuicio.
D. Omnisciencia
En latín, omni significa "todo" y scientia, "conocimiento." Sólo la Deidad posee omnisciencia o conocimiento total. El conocimiento perfecto, el discernimiento, el saber retrospectivo, anticipado e introspectivo; todas estas son virtudes exclusivas de la Trinidad. En un pasaje especial, el número siete se menciona tres veces en conexión con el Espíritu, el "que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios" (5:6) Si la frase "los siete espíritus de Dios" implica la plenitud del gobierno divino, entonces la expresión "siete ojos" sugiere una perfecta inteligencia. (Vea Zacarías 3:9; 4:10.) El Espíritu séptuplo representa "los siete ojos del Señor que recorren la tierra de un extremo a otro", escudriñando todo aquello que merece juicio divino. (Vea Daniel 2:19-30.)
Los ojos son símbolo de conocimiento y sabiduría internos, como se demuestra en Efesios 1:18, cuando Pablo oraba para que los ojos del entendimiento de los efesios pudieran ser iluminados. De igual manera Pablo no tenía ninguna duda acerca de la omnisciencia del Espíritu, quien es capaz de escudriñarlo todo, aun las cosas más profundas de Dios (1 Corintios 2:10, 11) Ninguna cosa puede esconderse de Él, quien lo discierne todo. [Qué serio es pensar que esos siete ojos del Espíritu pueden escudriñar todos los pensamientos del corazón suyo y el mío!
E. Omnipotencia
Los cuernos representan reyes o poderes reales (Daniel 7:8; Apocalipsis 13:7) y también poder, fuerza y gloria (Salmo 75:10; 132:17;
1 Samuel 2:1). En los siete cuernos asociados con el Espíritu Santo, tenemos la verdad del poder y la fortaleza perfectos (5:6). Job declaró que él sabía que Dios podía hacerlo todo, y Jesús proclamó que todo poder le había sido dado en el cielo y en la tierra. El libro de los Hechos es elocuente en cuanto a la omnipotencia del Espíritu Santo; y en el Apocalipsis, donde se destaca su autoridad judicial, el Espíritu aparece investido con la perfección del poder para aplicar cada edicto divino pronunciado en contra de los poderes aparentemente grandes de la tierra.
En estos días en que se ve la impotencia de los gobernantes terrenales, debemos consolarnos con la gloriosa verdad de la omnipotencia y soberanía divinas. Aun en la reducida esfera de nuestra propia vida, cuando las dificultades parecen ser insuperables y surgen necesidades que creemos que no podrán ser saciadas jamás, recordemos al Espíritu Santo con sus "siete cuernos" y confiemos en Él como "el Espíritu de poder", quien manifestará su omnipotencia en favor nuestro. El poderoso Espíritu de Dios no falla en ningún aspecto.
Oh Santo Espíritu, poseedor de un séptuplo poder, Todas las gracias provienen de ti.
F. Omnipresencia
La omnipresencia es la capacidad de poder estar en todo lugar al mismo tiempo. Nuestra mente finita no es capaz de entender el misterio de este atributo de la Trinidad. Sin embargo este es un hecho que jamás podremos dejar a un lado al considerar al Espíritu, presente en todo lugar. Esto era lo que David quería decir cuando preguntaba'
-- "¿Adónde me iré de tu Espíritu?
-- ¿Y a dónde huiré de tu presencia?"
Aun si él hubiera podido tomar las alas del alba para que lo condujeran hasta las últimas partes de la tierra, ¿qué ocurriría cuando llegara allí? ¡Aun allí estaría el Espíritu para guiarlo y protegerlo! (Vea el Salmo 139:9, 10.) Los siete ojos con los cuales el Espíritu transita la tierra de un extremo hasta el otro nos traen hasta otra frase usada por Juan: "Los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra" (5:6).
Hay dos frases combinadas en este versículo: "enviados por toda la tierra" y "en medio del trono", las cuales están relacionadas con las actividades del Espíritu Santo. En esta era el Espíritu se relaciona con la Iglesia, pero durante los juicios indicados en el Apocalipsis, Él estará asociado con el gobierno de la tierra desde los cielos. Sus ojos escudriñarán entonces a todos aquellos que merezcan castigo divino, no importa quiénes sean, en el mundo entero, y por medio de su poder velará para que los dictados del trono sean obedecidos. Las rocas a las cuales ellos clamarán para que los escondan de la venganza del Espíritu no les darán ninguna protección. ¡Ay de los habitantes de la tierra pecaminosa cuando el Espíritu salga del trono para destruir las fuerzas malignas del mundo!
G. Personalidad
Casi todas las referencias que se hacen al Espíritu Santo en el Apocalipsis tienen que ver con lo que Él dice: "El Espíritu dice a las iglesias"; "Sí, dice el Espíritu"; "El Espíritu y la esposa dicen: Ven." Que el Espíritu no es una mera influencia o una emanación de Dios, se prueba por el hecho de que puede hablar expresa o específicamente, como lo declara Pablo en 1 Timoteo 4:1. La articulación de mensajes sólo es posible donde hay personalidad. Puesto que el Espíritu Santo posee todos los verdaderos elementos de la personalidad. Él controló los pensamientos y las emociones de Juan y los utilizó como medios de expresión. ¡Oh, si la gente de este tiempo pudiera responder a la suplicante voz del Espíritu cuando llama a los pecadores para que se reconcilien con Dios!


APOCALIPSIS
¿Es el Apocalipsis un libro simbólico? y ¿lo que allí se ha profetizado ya se ha cumplido?
En realidad son dos tópicos a desarrollar. El primero tiene que ver con el simbolismo del libro de Apocalipsis y el segundo tiene que ver con el cumplimiento de lo que allí se profetiza.
En relación con lo primero, podemos afirmar con propiedad que mucho del lenguaje de Apocalipsis, más no todo, es simbólico. En Apocalipsis se nos habla de números, de colores, de minerales, de joyas, de animales, de estrellas, de candeleros, etc. y cada una de estas cosas representan a personas, a cosas o principios espirituales. Gracias a Dios, algunas de las simbologías son explicadas en el mismo libro. Por ejemplo, las siete estrellas de las cuales nos habla Apocalipsis 1:16 se explican en Apocalipsis 1:20 diciendo que son los siete ángeles de las siete iglesias. El gran dragón de quien nos habla Apocalipsis 12:9 es identificado como Satanás en el mismo versículo. Cuando el mismo libro no explica la simbología, es necesario recurrir a otras partes de la Biblia para apreciar su significado. Por ejemplo, los cuatro seres vivientes de los cuales nos habla Apocalipsis 4:6 son parecidos a los seres vivientes de los cuales nos habla Ezequiel 1:5-14 y en Ezequiel 10:20 se afirma que eran querubines. El leopardo, el oso y el león de los cuales se nos habla en Apocalipsis 13:2 nos lleva a pensar en la visión de Daniel en el capítulo 7 de su libro, en el cual, estos animales representan a los imperios mundiales de Grecia, Persia y Babilonia respectivamente. Pero existen otros símbolos cuya identificación precisa no es muy fácil y debemos ser muy cuidadosos para no asignar un significado que distorsione la correcta interpretación del pasaje bíblico. Así que, Apocalipsis es en efecto un libro que contiene muchos símbolos, pero esto de ninguna manera hace del libro de Apocalipsis un libro simbólico en el sentido de no ser útil. El simbolismo es un recurso literario muy válido para expresar cualquier tipo de verdad ya sea espiritual o de cualquier otra índole.
En relación con lo segundo, sobre si lo que dice el libro de Apocalipsis se ha cumplido o no, podemos afirmar con propiedad que una parte de lo que ha sido profetizado en el libro ya se ha cumplido, pero es solo una mínima parte porque la gran mayoría del libro está todavía por cumplirse. Para ser claro permítame hacer un bosquejo sencillo del contenido del libro de Apocalipsis. Apocalipsis se divide en tres partes principales. La primera podría titularse: Las cosas que Juan vio y abarca el capítulo 1. En este capítulo, Juan describe la visión que tuvo, en la cual el Señor Jesucristo aparece como un Juez que se levanta en medio de las siete iglesias. La segunda división de Apocalipsis podría llamarse las cosas que son y comprende los capítulos 2 y 3. Aquí encontramos una mirada al período de la iglesia, desde la muerte de los apóstoles hasta el momento cuando Cristo tomará a los suyos al cielo en lo que se conoce como el Arrebatamiento. Es en esta parte en la cual algunas cosas ya se han cumplido, porque hoy en día la iglesia como cuerpo de Cristo está viviendo como 19 siglos después que murieron los apóstoles. Por supuesto que aún aquí, falta algo por cumplirse, esto es, lo que corresponde desde este momento hasta que venga el Señor para llevarnos al cielo en el Arrebatamiento, lo cual parece que está a las puertas. La tercera división del libro de Apocalipsis podría llamarse: Las cosas que sucederán después de éstas y contempla los capítulos 4 a 22. Nada de esto se ha cumplido todavía. Aquí encontramos una mirada a los eventos que acontecerán a partir del arrebatamiento de la iglesia. En los capítulos 4-19 se describe la tribulación, un período de siete años durante el cual Dios juzgará a la nación incrédula de Israel así como también a los gentiles incrédulos. Los juicios que ejecutará el Juez justo son los de los sellos, de las trompetas y de las copas. En los capítulos 20 a 22 tenemos el relato de la segunda venida de Cristo, su reinado terrenal, el juicio del gran trono blanco y el estado eterno.
En resumen entonces, nosotros estamos convencidos que Apocalipsis es un libro con mucho simbolismo, una mínima parte del cual ya se ha cumplido en la iglesia, pero la gran parte de su mensaje espera todavía un cumplimiento literal. Concluyendo, permítame añadir un pensamiento final. Para los creyentes, el libro de Apocalipsis muestra lo absurdo de vivir amando las cosas de este mundo porque estas cosas son muy pasajeras. También motiva a testificar a los perdidos y anima a esperar con paciencia el regreso del Señor. Para los incrédulos, el libro de Apocalipsis es una solemne advertencia del terrible castigo que espera a todos los que rechazan al Salvador.

Lea en esta página el estudio completo del libro de Apocalipsis por el Reverendo Armando García.


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