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domingo, 26 de marzo de 2017

Estudio de Efesios 6


Por fin llegamos al último capítulo de este maravilloso libro, guía de nuestras vidas en Cristo Jesús. Un estudio preparado por el Pastor Armando García ULCM.




Lean completo el capítulo 6 antes de entrar a su análisis.


1 Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo.Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien y vivas largo tiempo sobre la tierra.
Y ustedes, padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino críenlos en la disciplina y la instrucción del Señor.
Siervos, obedezcan a los que son sus amos en la tierra con temor y temblor, con sinceridad de corazón, como a Cristo; no sirviendo solo cuando se les esté mirando, como los que quieren quedar bien con los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo la voluntad de Dios con ánimo. Sirvan de buena voluntad, como al Señor, no como a los hombres, sabiendo que el bien que haga cada uno eso recibirá de parte del Señor, sea siervo o libre.
Y ustedes, amos, hagan con ellos lo mismo, dejando las amenazas porque ustedes saben que el mismo Señor de ellos y de ustedes está en los cielos, y que no hay distinción de personas delante de él.

La armadura que Dios ha provisto

10 Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza.11 Vístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan hacer frente a las intrigas del diablo; 12 porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales.
13 Por esta causa, tomen toda la armadura de Dios para que puedan resistir en el día malo y, después de haberlo logrado todo, quedar firmes. 14 Permanezcan, pues, firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, vestidos con la coraza de justicia 15 y calzados sus pies con la preparación para proclamar el evangelio de paz. 16 Y sobre todo, ármense con el escudo de la fe con que podrán apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Tomen también el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, 18 orando en todo tiempo en el Espíritu con toda oración y ruego, vigilando con toda perseverancia y ruego por todos los santos. 19 Y también oren por mí, para que al abrir la boca me sean conferidas palabras para dar a conocer con confianza el misterio del evangelio 20 por el cual soy embajador en cadenas; a fin de que por ello yo hable con valentía, como debo hablar.

Conclusión

21 Ahora bien, para que también ustedes sepan cómo me va y qué estoy haciendo, todo les informará Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el Señor. 22 Por esto mismo lo he enviado a ustedes para que sepan lo tocante a nosotros y para que él anime sus corazones. 23 Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo.24 La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible

Análisis
El capítulo final de la carta a los efesios es una continuación de las ex­hortaciones prácticas: para los hijos, versículos 1-3; para los padres, ver. 4; para los sier­vos, versículos 5-8; para los amos, ver. 9. Los versículos 10-17 describen la armadura de Dios que todo soldado cristiano debe llevar todo el tiempo. Los versículos 18, 19, una ex­hortación a que oremos en todo tiempo. Pablo se clasifica a sí mismo como emba­jador en cadenas en el ver. 20. En las salutaciones finales (versículos 21-22), les dice que Tíquico les podría informar del estado de él; y termina con la bendición usual (versículos 23,24).

          6:1 -- "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres". Lean Éxodo 20:12; 21:15-17; Levítico 20:9; Deuteronomio 5:16; 21:8; 6:20; 30:17. Bajo la ley de Moisés el pueblo fue obli­gado a apedrear a los hijos rebeldes (Deuteronomio 21:18-21). Jesús pone el buen ejemplo para los niños, estando sujeto a José y María (Lucas 2:51).
          "En el Señor" significa "de acuerdo con la voluntad del Señor". Los hijos deben es­tar sujetos a sus padres en todas las cosas, a menos que   haya con­flicto entre la voluntad de ellos y la volun­tad de Dios.
          -- "porque esto es justo", "porque esto agrada al Señor" (Colosenses 3:20). Agrada al Señor porque es justo y correcto; es ra­zonable y normal. Los hijos necesitan de dirección. No conviene en ninguna ma­nera que se dejen solos para dirigirse por ellos mismos. No tienen la capacidad para ello; les faltan el entendimiento y la expe­riencia. La lección más básica que deben aprender todos los niños es la obediencia, estar sujetos a sus padres.

          6:2 -- "Honra a tu padre y a tu madre". Lean los mandamientos en Éxodo 21:17; Deuterenomio27:16; 21:18-21; Proverbios 20:20. Jesucristo honraba a sus padres. Estaba sujeto a ellos. Y so­bre la cruz le encargó al apóstol Juan el cuidado de María, su madre (Juan 19:26, 27). Aun en su muerte Jesús no pensaba en su pro­pio sufrimiento, sino en el bien­estar de su madre. Nuestros padres nos trajeron a este mundo, y nos cuidaban cuando no podíamos cuidarnos solos, nos daban de comer, nos educaban y nos cria­ban. Por todo esto merecen honor.
          En Marcos 7:8-13 aprendemos una de las tradiciones más diabólicas inventadas por los fariseos y escribas, una tradición por la cual ellos invalidaron la ley de Dios de honrar a los padres. Este mandamiento incluyó el cuidado de los padres en su ve­jez. La ley de Cristo requiere la misma cosa (1 Timoteo 5:4-8). Nuestra deuda es grande; no terminamos de "recompensarles", ni aun en todos los días de su vida. Nos cuidaban cuando no podíamos cuidarnos solos, y ahora nos corresponde cuidar de ellos cuando ya no puedan cuidarse solos.

          

        
  6:3 -- "para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra". Véanse Deuteronomio 6:24; 1 Pedro 3:10-12. La obediencia a Dios, desde la juventud, es para nuestro propio bien, y para nuestra propia felicidad. Mu­chos jóvenes se destruyen solos viviendo en plena rebeldía. Buscan satisfacción en las drogas, en el alcohol, y en el desen­freno total, pero no les va bien. La vida de muchos de ellos se ve disminuida, aun en cuanto a años de vida. Es alarmante el número creciente de suicidios entre la ju­ventud. Otros muchos destruyen sus cuerpos, y aun sus mentes, con su forma de vivir.

          6:4 -- "Y vosotros, padres, no provo­quéis a ira a vuestros hijos"           Hay muchas maneras de provocar a ira o exasperar a los hijos: (1) abusar de la au­toridad (ser crueles, abusivos tanto con palabras como con hechos); (2) criticarles, y aun hacer burla de ellos; (3) ser injustos en la disciplina (administrar castigo que no es apropiado, por ser excesivo o inade­cuado, o motivado por el enojo); (4) ser parciales (Génesis 37:3,4); (5) por usar ame­nazas huecas; (6) humillarlos y avergon­zarlos innecesariamente; (7) usar medios necios para "castigar" (encerrarlos en un cuarto oscuro, o asustarlos con mentiras); (8) no hacerles caso; (9) esperar demasia­do de ellos (como si fueran adultos); en fin, los padres mismos, si no son maduros, pueden provocar la ira o exasperar a sus hijos. Muchas veces los padres son más "niños" que los niños.
          -- "sino criadlos en disciplina y amo­nestación del Señor". La palabra "disciplina" abarca todo el proceso de criar y entrenar a los hijos. Los hijos consentidos tendrán una vida de miseria. "El muchacho consentido avergonzará a su madre" (Proverbios 29:15). La palabra "consentido" en este texto significa "dejado solo".
En Job 39:5 esta palabra se traduce "echar libre" ("¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras?") Los hijos no deben andar libres como el "asno montés"; no les con­viene. Pues no es para su bienestar, sino para su ruina.
          Los padres, para obedecer este man­damiento, deben poner el buen ejemplo en todo. Los hijos aprenden mucho del ejemplo de sus padres. Deben ser, pues, fieles y constantes siempre en el habla, en la conducta, en la asistencia a las reu­niones de la iglesia, en la obra personal, y aun en su actitud.
          Debe haber paz y armonía en el hogar, porque el ambiente en el cual se crían nuestros hijos es un factor muy im­portante en su crianza.
          Además, los padres deben instruir con toda diligencia a sus hijos. No deben depender de la iglesia, sino deben aceptar la responsabilidad que Dios les ha dado. Lea con cuidado los siguientes textos sobre este asunto: Génesis 18:19; Deuteronomio 6:5-9; 2 Timoteo 1:5; 3:14, 15. Lo importante es que cada hijo tenga convicciones, que crea de todo corazón y que ame a Dios de todo el corazón, y con toda su alma, y con todas sus fuerzas, y con toda su mente. Debe es­tar bien doctrinado, para que no caiga en el error sectario. Para estar seguro de esto, los padres deben animar a los hijos a expresarse, a hacer comentarios, a hacer preguntas o a expresar dudas. Muchos padres suponen que sus hijos creen cuando, en realidad, son incrédulos o in­diferentes. Lea Job. 1:5.
          Es muy importante que cada hijo sea enseñado, entrenado y corregido de acuerdo con su propia individualidad. Mu­chos padres tienen problemas con sus hijos porque no cumplen con este deber. Dice Proverbios 22:6, "Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él". La expresión "en su camino" puede traducirse "conforme a su camino"; es decir, según la naturaleza del niño, según su edad, su mentalidad, su ge­nio, su disposición y aptitudes. Cada hijo es un individuo, diferente y único; debe ser enseñado y guiado según su propia mentalidad, capacidad (aptitudes) y dis­posición. Los hijos no se pueden criar "en grupos", sin darles atención individual.
          La corrección debe ser estrictamente corrección, ni más, ni menos. Lea otra vez la manera en que los padres pueden provocar a ira a sus hijos. El hijo debe obedecer, y cuando obedece, debe ser ala­bado y alentado. Debe saber que la obe­diencia le agrada a Dios y a sus padres. También debe aprender que la desobe­diencia no se tolera, y que será castigada. Los padres no deben requerir o prohibir alguna cosa si no esperan la obediencia. Un problema muy grande en el hogar es que los padres siempre mandan y pro­híben a la ligera, y no exigen que los hijos les hagan caso.
          Lea con cuidado los textos en Proverbios sobre la corrección: 13:24; 19:18; 22:15; 23:13, 14; y 29:15. Son con­sejos muy prácticos.

          6:5 -- "Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor". El evangelio no prohíbe la esclavitud. Este es un asunto muy criticado por parte de los agnósticos, ateos y hasta personas con ideología comunista o socialista. Pero el evangelio sí ha tenido mucho que ver con la abrogación de la esclavitud en el mundo. La enseñanza de Cristo obra como la luz que ilumina las mentes de los hombres, y obra como la levadura (Mateo 13:33). Ha elevado a la mujer que era víc­tima de muchos abusos en el tiempo de los césares. Ha producido mejores leyes en el mundo. Ha influido en las artes y en la literatura del mundo. En fin, ha tenido su impacto sobre la civilización humana.
          -- "con temor y temblor", expresión que indica profundo respeto por la autoridad que nos hace obedecer y suje­tarnos, para no ser castigados. Véase Filipenses 2:12.
          -- "con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo", con corazón singular, con "sincera fidelidad" (2 Corintios 11:3). Es intere­sante observar que la palabra "sencillez" se traduce también como "generosidad" en 2 Corintios 8:2, dando a entender que si el corazón es sencillo o singular, seremos generosos en la ofrenda a Dios. La sen­cillez de corazón que el siervo debe poseer se explica en el siguiente versículo.

          6:6 -- "no sirviendo al ojo ... de corazón". Debe dar servicio al amo, como si fuera Cristo. No debe servir "al ojo"; es decir, cuando el amo le esté vigilando, queriendo agradar al hombre (el amo) solamente, sino debe servir fielmente porque Cristo se lo requiere, y le agrada a Él. Toda carga es menos pesada si se re­cuerda que el Amo verdadero  no es algún hombre, sino es Cristo.
          Los siervos podían alentarse con el pensamiento de que Cristo vino a la tierra para ser el siervo de los hombres (Juan 13:1-20; Marcos 10:45; Filipenses 2:7,8). Cristo podía identificarse perfectamente con los siervos.

          6:7 -- "sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres". Todo trabajo se hace más fácil si trabajamos "de buena voluntad, como al Señor". El tra­bajo se hace más pesado para los que tra­bajan de mala gana, con resentimiento y amargura. Esto no quiere decir que el tra­bajador cristiano no puede tratar de mejo­rar la situación de su empleo. Pero la mala voluntad, los enojos y disgustos, y las reac­ciones carnales no ayudan a mejorar la situación, sino hacen más duro y más in­soportable el trabajo. Jesús dice, "a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos" (Mateo 5:41).
          Este pensamiento es muy importante para todo trabajador de hoy en día. El cristiano siempre sirve a Dios. Dios le da empleo, y es importante que el cristiano recuerde esto. Hay patrones y mayordo­mos duros, inconsiderados y déspotas, pero será más fácil tolerarlos si recuerda que el verdadero Patrón es Dios quien, con este empleo que le da al cristiano, pone pan sobre la mesa.          
Por lo tanto, es necesario estar agradecido siempre y evi­tar el murmurar. Si es posible conseguir otro empleo mejor, bien; pero, mientras conviene la paciencia y tolerancia, y sobre todo el agradecimiento. Mucho cuidado de no murmurar contra Dios (no vayamos a morder la mano que nos da el pan).

          6:8 -- "sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre". "Porque Dios no es in­justo para olvidar vuestra obra" (Hebreos 6:10). Tanto los siervos como los libres pueden hacer bien, y pueden demostrar en su conducta las enseñanzas de Cristo, con la plena esperanza de la recompensa eterna.

          6:9 -- "Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas". En la iglesia primitiva había esclavos y amos. Filemón era amo. Los amos eran tentados a proferir amenazas y asustar a los siervos para que trabajaran mejor y se sujetaran.
          El castigo causa sufrimiento, y tam­bién lo causa el saber de antemano que pode­mos ser castigados. Pero el evangelio re­quería que los amos buscaran el bienes­tar de los siervos, porque en Cristo "no hay esclavo ni libre" (Gálatas 3:28). Con tales en­señanzas de hermandad el evangelio so­cavaba para terminar la esclavitud.
          -- "sabiendo que el Señor de ellos y vues­tro está en los cielos, y que para El no hay acepción de personas". Dios no re­conoce las distinciones de clase hechas por los hombres; los "amos" también tienen Amo. Dios es el Defensor de los siervos, de los pobres, de la viuda y los huérfanos y de todo necesitado. Los que maltratan a los tales -- o no cuidan de ellos --  darán cuenta a Dios.

          6:10 -- "Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza". Para concluir su carta Pablo des­cribe la armadura que el soldado cristiano debe llevar para fortalecerse en el Señor. En esta armadura vemos una combinación perfecta de la gracia divina y la respon­sabilidad humana. "Fortaleceos" (vosotros) "en el Señor".
          Cada cristiano debe prepararse con un "traje" completo de armadura. Es algo que llevar, y no algo que ver y admirar. Debe­mos hallar nuestra fuerza en el Señor. "Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las ar­mas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destruc­ción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10:3-5). Los religiosos -- aunque sean hermanos -- que emplean tácticas carnales no pelean por el Señor.
          Recuérdese lo que Pablo ya había di­cho en este libro acerca del poder de Dios (1:19,20; 2:6; 3:20); también en Romanos 1:16, "Porque no me avergüenzo del evan­gelio, porque es poder de Dios para sal­vación a todo aquel que cree".



          6:11 -- "Vestíos de toda la armadura de Dios, para podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo". Es importante en­señar y predicar sobre el tema de la ar­madura de Dios, pero lo más importante es que la llevemos. No dice Pablo, "Analice la armadura", sino "Vestíos de la armadura".
          Recuérdese siempre que Dios ha de­mostrado su gran poder en resucitar a Cristo, y  en resucitarnos a nosotros de la muerte espiritual, para hacernos sentar en lugares celestiales. Cristo derrotó a Sa­tanás, y esto nos asegura que podemos hacer lo mismo. Sin embargo, para ha­cerlo es indispensable que llevemos la ar­madura asignada por Dios. La recom­pensa es para los que puedan vencer (Apocalipsis 2:7, 11, 17).
          -- "las asechanzas del diablo". El dia­blo existe. No es una ilusión. Es una per­sona, un espíritu maligno que no tiene cuerpo pero sí existe. Es llamado "Satanás" que significa "adversario"; lucha sin cesar en contra de Dios y su pueblo. Tiene un ejército, bien organizado. Tiene sus huestes. El campo de batalla es el corazón humano (2 Corintios 3:4, 5). Tanto el diablo, como el Señor, quieren tomar po­sesión del corazón humano. ¿Qué son las "asechanzas" del diablo? La palabra sig­nifica "engaño o artificio que se hace para perjudicar a otro".
          Observe algunos ejemplos: (1) mezclar el error con la verdad para que sea más plausible (Génesis 3:4, 5, 22); (2) citar textos bíblicos pero torcerlos para enseñar el error (Mateo 4:6; 2 Pedro 3:16); (3) aparecer como ángel de luz, y presen­tar a sus ministros como ministros de jus­ticia y aun como apóstoles de Cristo (2 Corintios 11:13-15); (4) tratar de imitar a Dios, haciendo prodigios engañosos (2 Tesalonicenses 2:1-4, 9); (5) sembrar cizaña entre el trigo (Mateo 13:39); (6) convencer y animar a sus seguidores a pintar caricaturas ridículas de él para que la gente crea que en realidad él no existe, sino que "Satanás" es simple­mente la invención de la imaginación hu­mana (como le es "Santa Claus"); (7) en­trar en lugares (la iglesia) donde no se es­pera que entre (2 Tesalonicenses 2:4); y (8) prometer que el bien se realiza haciendo el mal (Lucas 4:6, 7); Romanos 3:8).
          El diablo empleará, pues, cualquier método que se pueda utilizar para vencer y destruir a los hijos de Dios. Otros ejem­plos de sus métodos son: la atracción de placeres mundanos, el amor al dinero, el temor a la persecución, el deseo de agradar a los hombres (mayormente a los familiares y amigos), lo contagioso del mal ejemplo, y lo agradable del mundo.
          Uno de los poderes más destructores del diablo es la enseñanza de personas muy "educadas", que ridiculizan a la Biblia, como lo son muchos intelectuales, gente de izquierda y hasta de derecha que critican a la iglesia, la existencia de Dios, y a la vez enseñan la evolución, la "educación se­xual", y el humanismo (que el hombre de­pende de sí mismo para todo, y que no depende de Dios para nada).
          ¿Quién, pues, no puede ver la impor­tancia de vestirse de toda la armadura de Dios? No se debe omitir nada. Es para nuestra defensa, y es para nuestra pelea en la batalla del Señor. Es una locura avanzar contra el enemigo con la ar­madura de la sabiduría y filosofía hu­manas y sin la armadura de Dios.

          6:12 -- "Porque no tenemos lucha con­tra sangre y carne", no contra el hombre.
          -- "sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes es­pirituales de maldad en las regiones ce­lestes". No luchamos contra meros hom­bres, sino contra hombres inspirados por Satanás, contra hombres que son títeres e instrumentos del diablo, para llevar a cabo su obra en la tierra. Satanás entró en Ju­das (Lucas 22:3); entró en Ananías y Safira (Hechos 5:3); trabajó por medio de los judíos y romanos para crucificar a Cristo y para perseguir a los cristianos. Es el criminal principal, el jefe de todos los criminales en el universo.
          Pero es el "príncipe de este mundo" (Juan 12:31); es el "dios de este siglo" (2 Corintios 4:4). Usa "lazos" (1 Timoteo 3:7; 2 Timoteo 2:26), y tiene muchos cautivos (2 Timoteo 2:26), pero Cristo lo derrotó, e hizo posi­ble la libertad para todos (Hebreos 2:14,15). Esto demuestra que Satanás no tiene poder ilimitado. Podemos escapar de sus tentaciones (1 Corintios 10:13), y podemos re­sistirlo (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8,9). Podemos ser tentados al pecado, pero no cedemos al pecado.
          -- "las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales". La palabra "tinieblas" se refiere a toda fuerza satánica que se opone a la luz de Dios. Se refiere al antagonismo contra la voluntad de Dios. En esta categoría se incluyen todas las in­fluencias mundanas, y todas las "huestes espirituales". Los poderes espirituales quieren ganar el espíritu (el corazón) del hombre. Hay una lista interminable de es­tas fuerzas espirituales: incluye el paga­nismo, el judaísmo, la idolatría, la super­stición, la hechicería, el comunismo, el catolicismo, el movimiento "anticristo" el sectarismo, el liberalismo, el extremismo, el materia­lismo y la lista es muy larga.
          Recuérdese que esta lucha tiene que ver con ideas, enseñanzas y filosofías, para ganar la mente y el corazón del hombre. Es por eso que Satanás siempre ha tenido tantos falsos maestros y engañadores en el campo religioso. "Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas" (1 Reyes 22:19-23). Así hablan los volun­tarios de Satanás. ¡Cuántos hombres y mujeres ofrecen su servicio a Satanás! (Estudie con cuidado los siguientes textos: Mateo 16:23; 23:15; Juan 8:44; 2 Corintios 11:13-15. Los cristianos prestan sus miembros -- y esto incluye su cabeza -- solamente a Cristo, Romanos 6:12-18).

          6:13 -- "Por tanto, tomad toda la ar­madura de Dios, para que podáis resistir en el día malo". La Biblia nos enseña que podemos resistir al diablo (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8,9), y que podemos vencerlo. Un gran número de santos lo han hecho, y lo están haciendo ahora. Pero para vencer es preciso llevar toda la armadura de Dios. Que todos oigan esta exhortación: "tomad toda la armadura".
          El propósito de tomarla es para resis­tir al diablo en el día malo. Es probable que el "día malo" se refiera a la tentación o prueba severa, algún encuentro crítico con Satanás, alguna crisis en la vida. Pero no siempre sabemos precisamente cuándo alguna prueba o tentación grande pueda venir, y tenemos que estar preparados todo el tiempo. De esta manera podemos decir con el salmista, "¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare?"
          ¿Cuál es la mejor defensa del cris­tiano? Su mejor defensa es el ataque con­tra el mal. No conviene que los cristianos estén sentados esperando el ataque del ene­migo. Pablo describe los soldados lis­tos para entrar agresivamente en la pelea contra el diablo. Se defienden mientras atacan. Esta armadura no tiene que ver simplemente con la defensa del cristiano cuando es atacado por Satanás, sino con la protección del cristiano en la batalla que él mismo inicie contra el enemigo.
          Pablo demostró esto en su ministerio: (1) peleó continuamente contra los errores de los judaizantes; (2) denunció los errores de los corintios (la división, la fornicación, la litigación, etc.); (3) denun­ció a los tesalonicenses que no trabajaban; (4) atacó severamente las especulaciones vanas de los colosenses; (5) Hechos13:13-28 narra las luchas continuas de Pablo du­rante su ministerio que se extendió a to­dos los países. Sus labores constituyeron una "guerra ofensiva" contra el mal. Los apóstoles encontraron "el mundo entero ... bajo el maligno" (1 Juan 5:19), y atacó fuertemente su indiferencia. Su obra causó mucho conflicto, porque el mundo no quiere que le moleste.
          -- "y habiendo acabado todo, estar firmes", guardando el terreno ya ganado, y estando firmes contra el enemigo, no rendirse, sino vencerlo siempre, re­sistiendo sus ataques, y luchando para tomar más territorio para Cristo.
          El soldado cristiano debe estar siem­pre firme, defendiendo y perseverando en la doctrina apostólica. El que no lo hace puede caer en el error. ¿Quién puede es­tar en pie delante de Dios en el día final? No los pecadores (Salmo 1:5), sino los que están firmes, "habiendo acabado todo".

          6:14 -- "Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad". Pablo se refiere al cinto ancho llevado por el sol­dado romano. La ropa suelta fue ceñida para que no impidiera el movimiento libre (véase 1 Pedro 1:13). El cinto nuestro es la verdad, tanto subjetiva como objetiva, porque la palabra "verdad" incluye la idea de la sinceridad. Para ceñir bien sus lomos, el cristiano debe creer la verdad y amarla de todo el corazón, y ser sincero en su lucha por la verdad y contra el error. Esta exhortación tiene mucho que ver con la franqueza.
          Cada persona debe preguntarse, "¿Quiero sinceramente entrar en esta pe­lea, y luchar contra las fuerzas de Sa­tanás? ¿Soy sincero(a)?" Sobre todo el guerrero del Señor debe poseer la integri­dad. "Siguiendo la verdad en amor, crez­camos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo" (4:15). "He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo" (Salmo 51:6). "Quien tema y se estremezca, madrugue y  de­vuélvase desde el monte de Galaad" (Jueces 7:3).
          -- "y vestidos con la coraza de justi­cia". La coraza cubre el pecho (el corazón, los pulmones). La justicia no es la expre­sión piadosa en la cara, ni el tono "consagrado" en la voz. No significa llevar títulos reli­gioso (Mateo 23:8,9). No es difícil reconocer la justicia, porque "Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él ... Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo" (1 Juan 2:29; 3:7). Dice el Salmo 119:172, "Todos tus man­damientos son justicia". La coraza se men­ciona tam­bién en 1 Tesalonicenses5:8, "Pero nosotros, que somos del día, seamos so­brios, habién­donos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de sal­vación como yelmo". En 2 Corintios 6:4-7 Pablo dice, "nos recomendamos en todo como mi­nistros de Dios ... con armas de justicia a diestra y a siniestra". Sin la justi­cia (nuestra coraza) no tenemos defensa, y no hay seguridad de la salvación. Sin ella no hay fuerza para atacar las fortalezas de Satanás, y no puede haber victoria para Cristo.

          6:15 -- "y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz". En este texto Pablo habla de "paz" en el contexto de guerra. Pero esta paz no se logra por medio de algún compromiso con el diablo. Es la paz de Romanos 5:1; Filipenses 4:7; y 2 Timoteo 4:7, 8. Cuando peleamos contra Satanás estamos trabajando por la paz. El pacifi­cador de Mateo 5:9 no es algún individuo muy tolerante que permita todo y que no se oponga a nadie ni a nada, sino es el guerrero de Cristo que busca la paz a través de victorias sobre Satanás. No te­nemos paz con Dios, ni con cristianos fieles, si no estamos firmes en nuestra lucha contra el pecado y el error. El evan­gelio produce paz con Dios, no con el dia­blo y sus siervos.

          6:16 -- "Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dar­dos de fuego del maligno". El escudo del soldado romano era grande y rectan­gular como una puerta. Al dar contra el escudo los dardos encendidos se apagaban y sus puntas se quebraban. Satanás tiene mu­chos dardos.
          Sus dardos producen en el corazón y en la conducta las cosas carnales men­cionadas en Gálatas 5:19-21, y en los otros catálogos del pecado. Pero con el escudo de la fe podemos apagarlos.

          6:17 -- "Y tomad el yelmo de la sal­vación". Este yelmo que protege la cabeza es la esperanza (vea 1 Tesalonicenses 5:8). "Porque en esperanza fuimos salvos" (Romanos 8:24). La esperanza es el ancla del alma del cristiano (Hebreos 6:18,19). "Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados" (1 Juan 2:28). En la lucha diaria es indispensable que el cris­tiano tenga confianza y esperanza. De otro modo se desalienta y desmaya. En su primera carta el apóstol Juan dice "sabemos" unas trece veces. Leamos esta carta frecuentemente para que recorde­mos la base de nuestra confianza en Cristo.
          -- "y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios". No se necesita otra arma ofensiva, aparte de la palabra de Dios, para combatir y vencer las huestes de Satanás. Por medio de su palabra Dios creó el universo y sostiene todas las cosas. La palabra predicada convence y con­vierte almas, porque corta y penetra el corazón (Hechos 2:22-37; 5:33; 7:54; Hebreos 4:12). Jesús dijo a sus apóstoles, "yo os daré palabra y sabiduría, la cual no po­drán resistir ni contradecir" (Lucas 21:15). La "espada del Espíritu" debe ser em­pleada para exponer y derrotar toda forma de pecado y error, las religiones fal­sas, y las filosofías humanas. Jesús usó esta espada cuando fue tentado (Mateo 4:1-11); tres veces fue tentado, y tres veces dijo "Escrito está". Recuérdese 2 Corintios 10:3-5.
Esta "espada" es eterna (1 Pedro 1:23-25). Isaías (11:4) dice acerca del ministerio de Cristo: "Juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al im­pío".

          6:13 -- "orando en todo tiempo", para tener comunicación continua con nuestro "cuartel general". "En todo tiempo"; "orad sin cesar" (1 Tesalonicenses 5:17). La guerra es del Señor; Él manda, y es importante que es­temos en contacto con Él. Muchas cam­pañas militares y muchos soldados se han perdido por falta de buena comunicación entre el ejército y el general. Nuestros re­cursos son de Dios. El soldado cristiano que lleva toda la armadura de Dios, em­plea la espada del Espíritu, y sigue en oración, tendrá una confianza firme de ser vencedor.
          -- "con toda oración y súplica en el Es­píritu", con alabanzas, con peticiones, con acción de gracias, con confesión de peca­dos, y con intercesión por otros, "en el Es­píritu", en completa armonía con las in­strucciones del Espíritu.
          -- "y velando en ello con toda perse­verancia y súplica por todos los santos". Velar y orar se conectan en varios textos (Mateo 26:41; Hechos 20:31; 1 Tesalonicenses 5:1-8; 1 Pedro 5:8). Velar significa estar alerta, atento. "Con toda perseverancia" (Lucas 11: 5-10; 18:1-8); no desmayar (2 Corintios 4:16). "Súplica por todos los santos", y no sola­mente por nuestra propia lucha; todos los santos en están la misma lucha. Somos compañeros de milicia.
          Cristo intercede por nosotros (Hebreos 4:15,16; 7:25; Juan 17:21). Los conversos judíos debían interceder por sus hermanos gentiles, y éstos por aquéllos. Los miem­bros ancianos y jóvenes deben orar los unos por los otros. Todos somos uno en Cristo, un solo ejército, un solo cuerpo (1 Corintios 12:13-27).

          6:19 -- "y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evan­gelio". Pablo pidió las oraciones de los hermanos para que él tuviera un ministe­rio exitoso. Habló frecuentemente de sus flaquezas (1 Corintios 2:1-5; 2 Corintios 12:8-10; 1 Timoteo 1:15; Efesios 3:8). Fue probado severa­mente en muchas ocasiones (2 Corintios 11:24-28). Quería hablar con valor en toda ocasión, y mayormente cuando llevaba el nombre de Cristo delante de reyes, gober­nadores, y otros hombres eminentes.

          6:20 -- "por el cual soy embajador en cadenas", un cuadro incongruente e incon­secuente: Los embajadores son hombres libres que disfrutan de gran dignidad y respeto; es muy incorrecto que estén encarce­lados. Pablo era y es embajador de Cristo (2 Corintios 5:20).
          -- "que con denuedo hable de él, como debo hablar". Pablo siempre habló con denuedo: delante de los filósofos de Ate­nas (Hechos 17:22-31); delante de Félix (Hechos 24); delante del rey Agripa, "en cadenas" (Hechos 26:29); y en todo lugar. Escribió este libro como carta a los efesios desde Roma, donde estaba preso, pero "la palabra de Dios no está presa" (2 Timoteo 2:9). Pidió las ora­ciones de los santos a fin de que pudiera seguir toda la vida hablando la palabra con valor, y que nunca fuera intimidado y atemorizado como muchos presos. Cristo prometió su ayuda para tales experiencias (Mateo 10:19,20; Lucas 21:12-15; Mateo 28:20).
          Observación final sobre la armadura de Dios: la iglesia de Cristo es el ejército del Señor, y es el único adversario ver­dadero de Satanás. Los que profesan ser soldados en este ejército, pero que en rea­lidad no quieren luchar, deben hacer como los 22,000 que se mencionan en Jueces 7:3, porque no valen nada en el ejército del Señor.

          6:21 -- "Para que también vosotros sepáis mis asuntos ... Tíquico". Véanse Hechos 20:14; Col. 4:7,8. Tíquico fue el mensajero que les entregó a los efesios esta carta.

          6:22 -- "el cual envié a vosotros para esto mismo". La carta sería de gran aliento para los santos, pero la visita per­sonal de este fiel compañero de Pablo, bien enterado personalmente de la condi­ción de Pablo, sería de mucho consuelo para ellos.

          6:23 -- "Paz sea a los hermanos, y amor con fe". ¡Cuántas veces habla Pablo de es­tas tres cosas! Son temas principales de este libro o carta. Habla de paz en 1:2; 2:14, 15, 17; 4:3; y 6:15. Habla del amor en 1:4, 15; 2:4; 3:17, 19; 4:2, 15, 16; 5:2, 25, 28, 33. Habla de la fe en 1:15; 2:8; 3:12, 17; 4:5, 13; 6:16. Estas cualidades merecen el mismo énfasis ahora. "De Dios Padre y del Señor Jesucristo", el origen, y la única fuente de estas cualidades.

          6:24 -- "La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable (incorruptible). Amén".  La gracia de Dios se recibe solamente a través de Cristo.



Llegamos al final del libro de Efesios. Nuestro próximo estudio será continuar en el libro de Romanos que dejé inconcluso al terminar el capítulo 8 en el mes de febrero del 2010 http://alphayomegachurch.blogspot.com/2010/02/romanos-8.html
Pronto tendré para ustedes Romanos 9 y hasta el final del libro que es la verdadera teología del cristianismo.

Pastor Armando García ULCM




domingo, 19 de marzo de 2017

Estudio del Capítulo 5 del libro de Efesios

Estudio preparado por el Ministerio Alpha & Omega de la Universal Life Church a cargo del Pastor Armando García ULCM


Estamos entrando a uno de los capítulos de Efesios donde se habla de la relación matrimonial y las responsabilidades de los esposos a sus esposas y viceversa.
La escritura es clara y por ello leamos todo el capítulo

1Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios.
Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios. Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar; haya más bien acción de gracias. Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia. Así que no se hagan cómplices de ellos.
Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad) 10 y comprueben lo que agrada al Señor. 11 No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, 12 porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto. 13 Pero todo lo que la luz pone al descubierto se hace visible, 14 porque la luz es lo que hace que todo sea visible. Por eso se dice:
«Despiértate, tú que duermes,
    levántate de entre los muertos,
y te alumbrará Cristo».
15 Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, 16 aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. 17 Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. 18 No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.19 Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón, 20 dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Deberes conyugales

21 Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. 22 Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. 23 Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. 24 Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.
25 Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella 26 para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, 27 para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. 28 Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, 29 pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo. 31 «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo».32 Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. 33 En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.
Análisis
El capítulo 5 sigue con las ex­hortaciones prácticas iniciadas en el capítulo 4:17 acerca de la nueva vida en Cristo. 5:1,2 nos exhorta a tener el amor genuino como el de Dios y Cristo. Los versículos 3-17 nos ex­hortan a dejar las prácticas de las tinieblas. En contraste, debemos alabar a Dios, siendo "llenos del Espíritu", y expre­sarlo cantando alabanzas.
 Las mujeres deben estar sujetas a sus maridos, como la iglesia está sujeta a Cristo, versículos 21-24; y los maridos deben amar a sus es­posas como Cristo ama a la iglesia, versículos 25-31. La unión entre Cristo y su iglesia (su esposa) ilustrada por la unión del marido con su esposa, versículos 32,33.

          5:1 -- "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados". La palabra, "pues", conecta esta exhortación con lo que Pablo dijo en el capítulo 4:17-32.
          No somos "hijos amados" de Dios si no somos imitadores de Dios. La palabra "hijos" se emplea muchas veces en el Nuevo Testamento para dar énfasis a al­guna cualidad de carácter ("hijos de luz", "hijos de paz", "hijo de consolación", "hijos de trueno", etc.), y para denotar la imi­tación. Jesús dijo que los judíos no eran hijos de Abraham, porque no hacían las obras de Abraham (Juan 8:39). Al con­trario, dijo que su padre era Satanás (versículo 44), porque hacían las obras de él (lo imi­taban).
          Por lo tanto, los que no practican la jus­ticia, y que no aman a sus hermanos no son hijos de Dios (1 Juan. 3:10).
          "Nosotros le amamos a él, porque nos amó primero" (1 Juan 4:19). Los hijos deben ser como sus padres. Deben imi­tarlos en lo bueno.
          5:2 -- "Y andad en amor, como tam­bién Cristo nos amó". El amor debe ser el mo­tivo principal de la vida. Dios es amor (1 Juan 4:8). El cristiano debe andar en el amor que se demostró en el Calvario, el amor que sacrifica todo. El amor es la base de toda nuestra conducta, y de nues­tro servicio a Dios. "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo" (Lucas 10:27).
          -- "y se entregó a sí mismo", la expresión suprema del amor. "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan. 15:13).
          -- "por nosotros". Murió en nuestro lu­gar. Es nuestro substituto. "Todos nosotros descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros" (Isaías 53:6). "Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero" (1 Pedro. 2:24); "para dar su vida en rescate por muchos" (Mateo 20:28). Este es el men­saje del evangelio, las buenas nuevas del cielo.
          Las palabras "por nosotros" no signifi­can meramente que Cristo nos hizo un fa­vor, sino que El murió en nuestro lugar. El recibió la plena fuerza, todo el golpe terri­ble de la ira de Dios contra el pecado, El en lugar de nosotros. Lo merecimos nosotros, pero Él lo sufrió, "el justo por los injustos, para llevarnos a Dios" (1 Pedro 3:18).
          -- "ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante". Dios se agradó del sacrificio de Cristo por nosotros. Fue aceptado para expiar nuestros pecados. Cristo es la propiciación por nuestros pecados, y por los de todo el mundo (1 Juan 2:2). La pa­labra "propiciación" significa "cubierta", como el propiciatorio, la cubierta del arca del pacto donde se rociaba sangre para expiar los pecados del pueblo de Israel.
          La expresión empleada por Pablo aquí ("ofrenda y sacrificio a Dios en olor fra­gante" nos recuerda de tales textos como Levítico 1:9, 13; 2:3, 9, 12, 16; 4:21, etc. Tam­bién en Génesis. 8:21 "Y percibió Jehová olor grato" cuando edificó Noé un altar... y ofreció holocausto en el altar".
          Los sacrificios y ofrendas espirituales que Dios desea de su pueblo ahora se mencionan en: Filipenses 4:18, la ayuda que los filipenses dieron a Pablo, "olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios"; Hebreos 13:15, 16, "ofrezcamos... sacrificio de ala­banza... fruto de labios... y de hacer bien y de la ayuda mutua... de tales sacrificios se agrada Dios"; y 1 Pedro 2:5, "ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo".
          5:3 -- "Pero fornicación", un vicio muy común entre los paganos, y parte integral del culto. Las "sacerdotisas" eran prostitu­tas. Esta palabra se usa alternativamente con la palabra "adulterio" pero "fornicación" comprende más que "adulterio", porque abarca toda forma de acto sexual ilícito (aun incluye la homo­sexualidad, Judas 7).
          El cuerpo del cristiano no es para la fornicación (1 Corintios 6:13-20), porque pertenece a Cristo quien lo compró. El cristiano debe aborrecer este pecado como Dios lo aborrece. Debe "huir" de la fornicación (1 Corintios 6:18). Para huir de la fornicación el cristiano debe evitar el baile, la literatura y películas que exhiben la sensualidad y la desnudez, y también las canciones populares tan corruptas y tan entregadas a la suciedad inmoral. Es in­dispensable que el corazón se guarde de la corrupción, para que la conversación y la conducta sean limpias. "Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin man­cilla; pero a los fornicarios y a los adúl­teros los juzgará Dios" (Hebreos 13:4).
          -- "inmundicia", la impureza, sea de hecho, o de palabra, o de pensamiento.
          -- "avaricia", que es idolatría, v. 5; Colosenses 3:5.
          -- "ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos", que no haya nunca la más mínima sospecha de tal cosa entre los san­tos. Pablo no está prohibiendo la mención de estos vicios, porque él mismo lo hace repetidas veces, como aquí mismo, sino que los santos vivan sin reproche, que sean irreprensibles, y que no haya ninguna sospecha de que algún hermano sea cul­pable de tales cosas. "Andéis como es digno de la vocación con que fuisteis lla­mados" (Capítulo 4:1); "las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia... como corresponde a mujeres que profe­san piedad" (1 Timoteo 2:9, 10); "que os com­portéis como es digno del evangelio" (Filipenses 1:27); "la santidad conviene a tu casa", (Salmo 93:5).
          5:4 -- "ni palabras deshonestas", ver­gonzosas, obscenas, toda palabra o expre­sión contraria al pudor y decencia. "Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes... palabra sana e irre­prochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que de­cir de vosotros" (Tito 2:6-8).
          -- "ni truhanerías", "groserías" disparates, decir bu­fonadas, burlarse.  La palabra lleva la idea de lo tosco o grosero, lenguaje bajo, vul­gar. Las "truhanerías" se dirigen contra la modestia, la castidad y toda cosa vir­tuosa. Atacan la obediencia a Dios, el respeto por los padres y el respeto por la ley. La virtud de la mujer es objeto de mu­cho des­precio.
          Ahora cada vez más se están acep­tando las palabras más corrompidas en las con­versaciones ordinarias. Hay muchas pala­bras que hace quince o veinte años nunca se pronunciaban en público, mucho menos delante de las damas, que se oyen ahora en la televisión, en las canciones populares, se leen en los periódicos y re­vistas, y se oyen en conversaciones. Como Pablo bien dice, "irán de mal en peor" (2 Timoteo 3:13).
          La degeneración es muy precipitada. Un fenómeno sobresaliente en nuestra época son los conciertos de música para la juventud, donde hay  de­mostraciones exageradas de la dege­neración. Las emociones de rebelión, de frustración, y de pura malicia se expresan a rienda suelta. Las canciones y todo el lenguaje de los participantes son total­mente corruptos, como también sus gestos que reflejan su identidad con lo oculto y satánico.
          Hay otra especie de "groserías" que son sumamente populares. Se trata del lenguaje de doble sentido, de indirectas o sugerencias vulgares. Las comedias de la televisión moderna se basan en gran parte en este tipo de lenguaje. Lo que no es abiertamente vulgar, o, por lo menos, hace alguna sugerencia de lo sucio o sen­sual, ya no es gracioso ni popular. Es como el caso de las novelas de la tele­visión; si no están repletas de la sensuali­dad, la violencia, la intriga y traición, etc. no serán aceptables. Tampoco será diver­tida y chistosa la comedia si es sana.
          -- "sino antes bien acciones de gra­cias". ¿Qué relación tiene la gratitud con las palabras deshonestas? Las personas que las usan no quieren "tener en cuenta a Dios". Son personas ingratas. Obsérvese esto en 2 Timoteo 3:2 "blasfemos, desobe­dientes a los padres, ingratos, impíos..."
          5:5 -- "sabéis esto", pero es muy im­portante repetir las verdades bíblicas. "A mí no me es molesto el escribiros las mis­mas cosas, y para vosotros es seguro" (Filipenses 3:1). "Yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente" (2 Pedro 1:12). La repetición es muy nece­saria. Esto no quiere decir que el predicador debe tocar una sola cuerda del violín. Hay una gran variedad de temas que debe predicarse y repetirse. No hay peligro de repetir  demasiado los ser­mones si predicamos todo el consejo de Dios (Hechos 20:20,27), pero, muchos temas deben repetirse y los oyentes no deben fastidiarse de oírlos.
          -- "ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios". Dice La Biblia de las Américas, "Porque con certeza sabéis esto". Es muy enfático. Nadie puede dudarlo. "Acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios" (Gálatas. 5:21). No tiene parte, no puede participar, en el reino de Dios. No hay lugar en el reino glorioso que le espere. Ismael no pudo heredar con Isaac. Los tales no se hallarán inscritos "en el libro de la vida" (Apocalipsis 20:15), aunque sus nombres aparezcan a veces en la lista de miembros de alguna iglesia.
          La avaricia se llama idolatría porque el avaro adora no a Dios sino a sí mismo. En vez de buscar el mejoramiento del reino de Dios busca el progreso de sus propios intereses, mayormente en lo que concierne el materialismo. La avaricia y su fin se ilustra claramente en la parábola de Lucas 12:15-21.
          5:6 -- "Nadie os engañe con palabras vanas", vacías, argumentos especiosos y engañosos. "Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas" (Colosenses 2:4). No permitáis que nadie os engañe con argumentos que suenan bien y plausibles pero que en realidad no están basados en la verdad.
          En el primer siglo había cantidad de maestros religiosos que prometían a la gente la salvación y a la vez la satisfacción de sus apetitos carnales. Vemos mucha evidencia de esto. Obsérvese en los si­guientes textos: 2 Timoteo 3:5, 7, 13 (y su contexto); Tito 1:16; 2 Pedro 2:19 (todo el capítulo, y la carta de Judas); Apocalipsis 2:6, 15, "los nicolaítas"; 2:14 "la doctrina de Balaam"; 2:20, "esa mujer Jezabel"; y en varias cartas, mayormente en las de Juan, se ve la denuncia de los errores y el en­gaño de los gnósticos. Todos estos maes­tros falsos tenían en común una cosa: ofrecían a la iglesia el libertinaje en el nombre de la libertad en Cristo.
          Hoy en día el mundo religioso está lleno de lo mismo. Hay líderes religiosos que ofrecen toda forma de "libertad" (libertinaje) a sus feligreses, sólo que in­gresen en su denominación o movimiento y paguen (la cuota más popular es el diezmo).
          5:7 -- "No seáis, pues, partícipes con ellos". Porque ellos no tendrán ninguna herencia en el reino celestial, y si partici­pamos con ellos ahora, tendremos que participar con ellos después, sufriendo el castigo de la ira de Dios.
          5:8 -- "Porque en otro tiempo erais tinieblas". Es­taban en las tinieblas y las tinieblas esta­ban en ellos. Les faltó el conocimiento de Dios (2 Corintios 4:4) porque Satanás cegó su entendimiento. Pero Cristo vino para vencer al autor de las tinieblas, y Pablo fue comisionado para convertirles de las tinieblas a la luz de Cristo (Hechos 26:18).
          -- "Mas ahora sois luz en el Señor; an­dad como hijos de luz". "Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles..." (1 Pedro 4:3). Ahora no somos tinieblas; por eso, te­nemos que dejar las prácticas de tinieblas. Antes "éramos por naturaleza (por la práctica confirmada) hijos de ira", es de­cir, el castigo (la ira) era el destino que correspondía a nuestra conducta como "hijos de desobediencia" (personas deso­bedientes). Pero ahora somos "hijos de luz", personas de entendimiento y de obe­diencia. Véanse Mateo 5:16; 1 Tesalonicenses 5:1-8. Donde hay cristianos hay luz. La persona que obedece al evangelio prende otra luz en el mundo de tinieblas.
          5:9 -- "porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad". Hijos de luz son personas de bondad, justicia y ver­dad. La Biblia habla de las "obras" de la carne, y del "fruto" del Espíritu (véase Gálatas 5:19-22). Si estamos "llenos del Es­píritu", llevaremos el "fruto del Espíritu". El fruto llevado por los hijos de luz es muy distinto a las obras de la carne de los hijos de desobediencia.
          5:10 -- "comprobando lo que es agrada­ble al Señor". Dice Romanos 12:2, "para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios". Dios quiere que comprobemos sus caminos. Ya sabemos los caminos del mundo, ya anduvimos en ellos; ahora nos conviene comprobar lo que es agradable al Señor. No es cuestión de investigar o poner a prueba el camino de Dios para ver si es bueno o no, sino es cuestión de andar en sus caminos para aprender y ser convencidos por la expe­riencia personal que sus caminos son per­fectos. El camino de Dios le agrada a Él, y también es per­fecto para nosotros. Es el camino de paz y gozo. No hay felicidad verdadera en las tinieblas. "Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él" (Salmo 34:8).
          5:11 -- "Y no participéis en las obras in­fructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas". Este texto es paralelo con 2 Corintios 6:14, "No os unáis en yugo de­sigual con los incrédulos; porque ¿qué com­pañerismo tiene la justicia con la in­justicia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?" El tema de los textos es el mismo: no tener comunión con las prácti­cas de la idolatría. Hay denominaciones y grupos religiosos que practican la idolatría. De referencia lean el Salmo 115 sobre dónde está el Dios de los creyentes y el dios de los idolatras. Véanse también 1 Corintios 8:10 y 10:16-22. Pablo insistió en que los hermanos salieran y se apartaran de esas prácticas (2 Corintios 6:17) para poder disfrutar de la comunión con Dios ("habitaré y andaré entre ellos").
          -- "las obras infructuosas", hechos in­útiles, vanos, vacíos, no sirven a ningún propósito bueno. Judas 12 habla de "nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados". Los vicios no sirven, no ayudan, no dan ningún beneficio. Al contrario, perjudican. Des­truyen el cuerpo, destruyen la mente, cau­san muchos problemas en la familia, en el negocio, y en toda faceta de la vida. "¿Pero qué fruto tenías de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte" (Romanos 6:21).
          -- "sino más bien reprendedlas". No basta con apartarnos del mal. Tenemos que denunciarlo. Hablar por Cristo re­quiere la denuncia del pecado. El cristiano sabe por la experiencia que los vicios no sirven para nada excepto para producir la miseria. Debe decirlo. Debe abrir su boca y hablar. Es necesario reprender el pecado para abrir los ojos de la gente. "Que prediques la palabra; que instes a tiempo, y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda palabra y doc­trina" (2 Timoteo 4:2). "Y esta es la conde­nación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas" (Juan. 3:19, 20).
          La obediencia misma reprende la deso­bediencia. "Por esa fe condenó al mundo" Noé (Hebreos 11:7). El buen ejemplo con­dena el mal ejemplo. La obediencia prende la luz. Pero el cristiano no puede vivir callado. No es posible predicar la verdad sin atacar el error. Cristo y sus apóstoles siempre estaban en conflicto con el error religioso. No congeniaban con ellos, sino chocaban constantemente con ellos. No hay armonía entre la verdad y el error.
          5:12 -- "porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto". No era prudente ni necesario que Pablo describiera estas prácticas abominables. Los términos generales empleados por Pablo y los otros autores del Nuevo Tes­tamento bastan para condenarlas. Los predicadores y maestros deben ser pru­dentes en su forma de describir el pecado. La virtud y la modestia prohíben la descripción de muchas prácticas abominables. Los au­tores inspirados no describieron las abominaciones de su tiempo. A veces hay imprudencia en el púlpito. Hay predi­cadores que se sienten obligados a ser muy francos y muy fuertes en su denuncia del mal. Pero la descripción de prácticas sensuales produce pensamientos en la mente que no convienen, y puede hacer mucho daño. Es suficiente emplear los términos generales empleados en la Bi­blia. Lo importante es que la denuncia sea severa, y que se afirme repetidas veces que los que practican tales cosas no van al cielo si no se arrepienten.
          -- "lo que ellos hacen en secreto". "Todo el que hace lo malo, aborrece la luz", aun la luz física. Se esconden de los ojos del público. "Los que se embriagan, de noche se embriagan" (1 Tesalonicenses 5:7). Pero re­cuérdese el Salmo 139:7-12.
          5:13 -- "Mas... puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas". La pala­bra de Dios descubre todo. Los hijos de luz saben la naturaleza de todas las cosas, para no ser engañados por nadie ni por nada. Se usa la luz para descubrir la iden­tidad o la naturaleza de algún objeto. La luz lo manifiesta, descubre, hace visi­ble. La luz del evangelio descubre la naturaleza verdadera del pecado, y al mismo tiempo lo reprende. Los escritos del Nuevo Testamento prenden la luz en un mundo de tinieblas. Todas las cosas se pueden ver. No hay nada escondido. No hay excusa para continuar la práctica del pecado. Los únicos que no pueden ver son los que tapan los ojos (Mateo 13:15; 2 Corintios 4:4).
          5:14 -- "Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate... te alum­brará". No sabemos el origen de esta cita. Pen­samientos similares se encuentran en Isaías 9:2; 26:19; 52:1, y especialmente en Isaías 60:1. La exhortación para inconversos es que acepten el evangelio, y la exhortación para cristianos es que nos apartemos completamente de toda forma de mal.
          5:15 -- "Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios", mirando alrededor, a todos lados. El cristiano debe tener mucho cuidado, estar alerta, y nunca descuidar sus pasos. Debe demostrar claramente que se ha des­pojado del viejo hombre, y que se ha vestido del nuevo hombre. Esto requiere diligencia. El mundo está lleno de perver­sidad. Satanás ha colocado trampas en el camino para hacernos tropezar. En el siguiente capítulo, versículos10-20), Pablo emplea la figura de vestirnos "de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo". Dice Pedro, "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adver­sario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8). En 2 Timoteo 2:26 Pablo habla del "lazo del diablo" y de los "que están cau­tivos a voluntad de él". Pero afirma en 2 Corintios 2:11 que "no ignoramos sus maquina­ciones", y así será si miramos cómo an­damos.
          -- "no como necios (imprudentes) sino como sabios". Dios nos proporciona la inteligencia y la sabiduría necesarias para evitar los lazos de Satanás.
          5:16 -- "aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos", Pablo emplea la figura de los comerciantes que observan bien el mercado, para saber el momento más oportuno para comprar y vender. Somos mayordomos de todo lo que Dios nos da, y no hay otra bendición más grande que el tiempo mismo. Tendremos que dar cuenta a Dios en cuanto a su uso. Nos da tiempo para toda actividad nece­saria, pero es necesario ser prudentes y no necios en la administración de esta bendi­ción. La oportunidad perdida nunca será recobrada. Tiempo es vida; no debemos desperdiciarlo.
          Jesús es nuestro ejemplo perfecto en usar bien el tiempo. Marcos 1:21-34 relata los eventos de un solo día en su vida. El eterno Señor está muy consciente de la brevedad del tiempo (Lucas 13:32, 33; Juan. 7:33 "un poco de tiempo estaré con vosotros"; 13:33 "aún estaré con vosotros un poco").
          Dice Pablo que "el tiempo es corto" (1 Corintios 7:29), y que no debemos dejar que nada (ni familia, ni lágrimas, ni alegría, ni comercio ni otro interés terrenal) nos impida espiritualmente.        El tiempo es el haber más valioso que el hombre posee. Tiempo es vida, es riqueza. Todo hombre vivo es hombre rico, porque el tiempo mismo es su capital más importante. Es capital que se puede invertir para el bien eterno. El tiempo es sumamente valioso. Mídase con reloj o con almanaque o como uno quiera, pero siempre es precioso.
          Para no desperdiciarlo debemos or­ganizarnos; es decir, formular un plan u horario (aunque sea algo flexible) para que quepan todas las cosas necesarias, y para no descuidar lo más importante. Como proponemos en el corazón lo que ofrendaremos, de la misma forma debe­mos proponer en el corazón con respecto a la administración sabia del tiempo, siempre buscando primeramente el reino de Dios.
          -- "porque los días son malos". Esta carta fue escrita poco antes de la severa persecución bajo el emperador romano Nerón. (También Jerusalén fue sitiada y destruida en esos días). La única espe­ranza para el mundo era el evangelio puro. Es importante agregar que el "evangelio social" del mundo sectario, y que es muy popular ahora entre los her­manos liberales, no tiene ningún poder ni para corregir la maldad del mundo, ni mucho menos para salvar almas.
          5:17 -- "Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor". Tomando en cuenta y medi­tando seriamente sobre lo que Pablo acaba de decir (el peligro es grande, la maldad es abrumadora, el tiempo es pre­cioso), no seamos insensatos, sino ha­gamos un esfuerzo mayor para entender la voluntad de Dios. Este entendimiento queda a nuestro alcance.
          5:18 -- "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución (libertinaje)". El embriagarse y el libertinaje son íntimos compañeros, porque el alcohol suprime o quita la restricción moral y calla la concien­cia. Por lo tanto, los que están bajo la in­fluencia del alcohol, toman libertades para decir o hacer cosas que normalmente no dicen ni hacen. Es por esto que muchos se sienten más valientes cuando beben al­cohol; la timidez se suprime. Pero no reconocen el efecto que el alcohol tiene sobre su mente. Creen que pueden conducir un auto mejor que nunca, y por eso en más de la mitad de los accidentes de automóviles está involucrado el alco­hol.
          Pero la sociedad no quiere hablar de "borrachos" (se dice "alcohólicos"), y, desde luego, para muchos la borrachera no es pecado, sino una enfermedad. Según la mentalidad moderna, los "alcohólicos" son víctimas de los tiempos y de las presiones de la civilización moderna. ¿Quién debe hacer algo para corregir el problema? Pues, el gobierno, sin lugar a dudas (porque los del mundo no creen en la responsabilidad individual, ni en la del hogar). Pero el gobierno no puede corre­gir el mal, porque muchos senadores, re­presentantes, jueces, etc. practican este vicio.
          Además, la industria de toda clase de bebidas alcohólicas paga muchos im­puestos, ayuda en las campañas políticas, y pone mucha presión sobre los gober­nantes para que no haya problemas grandes.
   Hay hermanos que enseñan que está bien tomar alcohol con moderación, y defienden la "bebida social". Dicen que la Biblia condena solamente la borrachera. Pero considérese bien 1 Pedro 4:3, que menciona "borracheras" (oinophlugiais), y en el mismo versículo dice, "potois" que tiene que ver con beber bebidas alcohóli­cas, pero no necesariamente con exceso.
                   -- "antes bien sed llenos del Espíritu", un contraste entre "llenos del Espíritu" y llenos del alcohol. Y ¡qué contraste! El Espíritu Santo ilumina la mente, mientras que el vino la oscurece y destruye. El Es­píritu de Dios nos ayuda a gobernar nues­tro cuerpo con sus apetitos, pero el vino suprime el impulso moral, y quita la fuerza y control del dominio propio. El vino quita los frenos que la conciencia aplica a la conducta. El desenfreno cau­sado por el vino produce pleitos (porque quita inhibiciones y da valor), adulterios (porque quita inhibiciones morales), y toda forma de libertinaje y disolución. "El vino es escarnecedor, la sidra alborota­dora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio" (Proverbios 20:1; véase también Proverbios 23:29-35).
          Como el vino promueve toda forma de destrucción, el Espíritu promueve toda forma de edificación. Construye y forta­lece los muros de defensa contra tenta­ciones; fortalece nuestra voluntad, y da di­rección a las emociones.
          ¿Quién está en verdad lleno del Es­píritu? ¿Los carismáticos que hablan tanto del Espíritu Santo? Se requiere mucho más que el sólo pronunciar su nombre. Los que están verdaderamente llenos del Espíritu son aquellos que están comple­tamente bajo su dirección a través de su Palabra. "Porque todos los que son guia­dos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios" (Romanos 8:14). Estos llevarán el "fruto del Espíritu" (Gálatas 5:21,22). Los que no siguen las enseñanzas del Espíritu Santo entregadas por los hombres inspi­rados del primer siglo, y que no llevan el fruto del Espíritu no son llenos del Espíritu, no obstante lo fuerte de sus gri­tos acerca del Espíritu Santo.
          La expresión “llenos del Espíritu” no implica que alguno pueda ser medio lleno del Espíritu, porque si no estamos “llenos del Espíritu”, estamos “llenos” de Satanás.
          5:19 -- "hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones". Los que están llenos de vino cantan canciones mundanas pero el que es lleno del Espíritu alaba a Dios.
          Los "salmos" dan alabanza a Dios, exal­tando su nombre, poder, atributos y obras, como los salmos de David.
          Los "himnos" dan alabanza a Dios, con acción de gracias y súplicas, expre­sando nuestra dependencia de Dios.
          Los "cánticos espirituales" dan expre­sión a una gran variedad de temas espirituales, basados en las palabras reve­ladas por el Espíritu Santo. "Dios es Es­píritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan 4:24); por lo tanto, los himnos y cánticos deben estar basados en las enseñanzas y pensamientos espirituales, para que en ellos nuestros espíritus puedan tener co­munión con Dios. Los himnos que canta­mos deben estar en perfecta armonía con la palabra de Dios. Debemos ser estrictos en lo que predicamos y enseñamos, y debemos ser estrictos en lo que cantamos. No conviene cantar lo que no podemos enseñar en el púlpito.
          -- "hablando entre vosotros". El cantar es hablar un mensaje, dar una enseñanza. Es para el Señor, y para la iglesia. El can­tar no es para divertir a la gente. Es un acto de adoración, y no es meramente para introducir el culto. Muchos her­manos llegan tarde al culto y no participan en el primer canto (o en los primeros can­tos). Algunos entran durante esta parte del culto e interrumpen la adoración de otros. (Los que llegan tarde deben esperar en la entrada hasta que se termine el canto o la oración; si llegan durante el sermón, deben ocupar los asientos de atrás, para causar menos estorbo). Pero el punto es que los cantos son mensajes, y no puro rito o ceremonia.
          -- "cantando y alabando al Señor en vuestros corazones". Algunos de los que usan instrumentos musicales en el culto dicen que la palabra "psallontes", traducida "alabando", significa cantar con instrumentos.
          Pablo sí nombra algún instrumento, pero ¿cuál es? El corazón ("alabando al Señor en vuestros corazones). El signifi­cado radical de la palabra "psallo" es tañer, y se aplicó a todos los sonidos pro­ducidos por la vibración de las cuerdas de cualquier instrumento. Es muy razonable que se usara, pues, con referencia a la voz humana, que es el sonido que sale de los pulmones y de la boca del hombre, ha­biendo pasado por las cuerdas vocales. "La voz humana es el más complicado, delicado y perfecto instrumento musical conocido por al hombre.
           Las iglesias evangélicas son muy in­consecuentes. Denuncian las muchas prácticas de la iglesia católica romana que carecen de apoyo bíblico (tales como el rosario, la misa, quemar incienso, invocar a María y los "santos", etc.), pero se quedan con los instrumentos de música.
-- "en vuestros corazones". No es sufi­ciente denunciar el uso de instrumentos mecánicos en el culto. Si no empleamos el instrumento correcto, los cantos de nosotros tampoco serán aceptables. ¡Qué fácil es cantar sin pensar en lo que deci­mos! y máxime cuando cantamos los mis­mos himnos en cada reunión. Se saben de memoria y se pueden cantar sin ninguna concentración en la letra.
          5:20 -- "dando siempre gracias por todo al Dios y Padre", Filemón 4; a través de oraciones y cantos. Muchos can­tos son expresiones de gratitud a Dios. ¡Qué importante que los cantemos de corazón! El evangelio cambia el cantar de la gente. Las canciones del mundo son temas de sensualidad y toda forma de car­nalidad. Pero los salmos, himnos y cánti­cos de los cristianos son espirituales, ex­presiones de gratitud a Dios.
          Damos gracias todos y por todo. Los jóvenes deben dar gracias por su juventud. Los ancianitos deben dar gracias al Señor por los años que les ha concedido. Todos debemos dar gracias por el pan de cada día, y por la salud. Demos gracias por el empleo. Y por la familia que Dios nos da. Por todas las bendiciones espirituales. En tiempos de enfermedad y pobreza, demos gracias por la salud y los recursos que nos quedan, y también por la fuerza que Dios nos da para soportar tribula­ciones, sabiendo que nos ayudan a ser más fuertes. "Me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Corintios 12:10).
          Todos deben estar contentos y agrade­cidos. Nunca hay excusa para tener amargura de espíritu. Todos -- absoluta­mente todos -- debemos dar gracias a Dios. Sin excepción.
          -- "en el nombre de nuestro Señor Je­sucristo". Siempre nos acercamos a Dios por la mediación de Cristo. "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí... y todo lo que pi­diereis al Padre en mi nombre, lo haré" (Juan 14:6, 13). Véase Colosenses 3:17.
          5:21 -- "Someteos unos a otros en el temor de Dios". Sobre todo "humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo" (1 Pedro 5:6). La sumisión a Dios requiere que estemos sumisos según el orden establecido por Dios: todos al go­bierno civil (1 Pedro 2:13-17; Romanos 13:1-7; Tito 3:1);
          5:22 -- "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos". Véanse Colosenses 3:18; Tito 2:5; 1 Pedro 3:1,7. Pablo enseña en es­tos textos el orden divino para el hogar. El hogar que no respeta este orden está fuera de orden; en tal hogar hay desorden. Es importante que la mujer aprenda esta en­señanza antes de casarse. No debe casarse con algún hombre a quién no pueda suje­tarse, porque después de casarse, es muy tarde para decidir que no puede vivir en sujeción al marido.
          Es lo que "conviene en el Señor" (Colosenses 3:18). Las casadas deben sujetarse a sus maridos para que éstos las amen; y los maridos deben amar a sus mujeres, para que éstas se sujeten a ellos
          Además, la hermana en Cristo debe sujetarse al marido incrédulo (1 Pedro 3:1-4), con tal que no haya conflicto entre la voluntad del marido y la voluntad de Dios (Hechos 5:29 "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres"). Si el marido dice que su esposa no puede bau­tizarse o que no puede asistir a las reu­niones de la iglesia, está en conflicto con Dios, y su esposa debe obedecer a Dios y no al marido.
          "Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone... Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el her­mano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios". La esposa que es cristiana (1 Corintios 6:19,20) le pertenece a Cristo. “Si el marido incrédulo no consiente en vivir con la creyente y se separa, la hermana debe recordar que no está sujeta a servidumbre en semejante caso; es decir, ella es esclava del Señor Jesús, y no de su "señor terrenal" (su marido) y, por lo tanto, no debe aban­donar su fe (que incluye el asistir a las reu­niones, etc.) complaciendo al marido para que no la abandone.
          ¿Puede tal mujer casarse otra vez? De ninguna manera, porque el matrimonio nunca se llama "servidumbre". La palabra "ligar" que Pablo usa con respecto al ma­trimonio (1 Corintios 7:27, 39; Romanos 7:2, 3) no se usa en 1 Corintios 7:12-15, sino la palabra común que se refiere a la esclavitud. La cristiana no es esclava de su marido, sea creyente o incrédulo, porque es esclava de Cristo, pero si él se separa, la hermana debe quedarse sin casar o reconciliarse con su marido.
          Muchas hermanas han ganado a sus maridos inconversos por su "conducta casta y respetuosa", y su "espíritu afable y apacible" (1 Pedro 3:1-4). Pero un espíritu rebelde y amargado no los convertirá. Las mujeres amargadas, llenas de resentimientos, causan miseria para sí mismas y para sus familias (véanse Proverbios 19:13; 21:19). La mujer "rencillosa" es la que critica y regaña a su marido y sus hi­jos, y se queja constantemente del trabajo que tiene que hacer atendiendo a su fa­milia, y de los problemas de la vida. La mujer halla el bien máximo desempeñando su papel domés­tico (1 Timoteo 2:15). El hogar es su palacio, y aunque muchas mujeres no lo quieran admitir, es el sitio principal de su felicidad.
          -- "como al Señor". La mujer debe es­tar sujeta porque el Señor lo requiere. Debe pensar en lo que Él quiere, y suje­tarse a su marido para cumplir la voluntad del Señor, y no solamente la voluntad del marido. Ella tiene que obedecer al Señor primero, antes que al marido. ¡Qué bendi­ción más grande cuando la voluntad del marido coincide con la del Señor! Y ¡qué fácil es para la mujer cristiana sujetarse a tal marido!
          5:23 -- "porque el marido es cabeza de la mujer". Nuestro Dios es Dios de orden. En todo arreglo de Él hay orden, y en el hogar el marido es cabeza de la mujer. Los que se oponen a este orden se oponen a Dios, y darán cuenta a Dios. La palabra "cabeza" significa autoridad. El marido es el director, el superintendente de la fa­milia.
          Esto significa que él es responsable por su familia. Debe ser director pru­dente, para que en toda su familia esté bien y prospere.
          La palabra "cabeza" no significa "dictador", y mucho menos "déspota". El marido cristiano considera mucho a su es­posa y a sus hijos. "Maridos... vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida" (1 Pedro 3:7). La mujer comparte la dirección de la familia (1 Timoteo 5:14; Tito 2:5); ella es compañera, y no esclava del marido.
          Debe proveer para su familia en todo sentido, física, espiritual y socialmente. Él es el proveedor, él "provee para los suyos" (1 Timoteo 5:8), y si no lo hace, "ha negado la fe, y es peor que un incrédulo". Debe proveer alimento, abrigo, techo, edu­cación, dirección en asuntos de recreo y actividad social, y sobre todo, la dirección espiritual.
          Es el protector de su familia. Protege su familia del daño físico, y también del daño espiritual.
          Como cabeza de la familia, el marido está obligado a disciplinar con amor a sus hijos (Efesios 6:4).
          -- "así como Cristo es cabeza de la igle­sia". La autoridad del marido es regu­lada y templada por esta regla: "así como Cristo". Es el modelo perfecto de cómo ejercer la autoridad con amor y consideración.
          -- "la cual es su cuerpo, y él es su Sal­vador". La iglesia es el cuerpo de Cristo. Cristo es su Salvador, porque la iglesia es el número total de los salvos. Los salvos se añaden a la iglesia (Hechos 2:47). Es importante aprender que Cristo, y no la iglesia, es el Salvador.
          No ingresamos en la iglesia para ser salvos, sino Cristo nos salva y nos añade a la iglesia. No digamos, "Tenemos que es­tar en la iglesia de Cristo para ser salvos", sino, "Obedezcamos a Cristo para ser salvos, y el Señor nos añadirá a la iglesia". No es correcto el concepto de la iglesia como un tren que nos lleva al cielo, y que si escogemos el tren correcto, no habrá problemas. Cristo es el Salvador.
          Cuando los evangélicos dicen que "la iglesia no salva", concluyen que "se puede escoger la iglesia de su preferencia". Es otro extremo y su conclusión es errónea. La iglesia no salva, pero los salvos sí están en la iglesia del Señor.
          5:24 -- "Así que, como la iglesia está su­jeta a Cristo". La iglesia que deja de re­conocer esto, deja de ser iglesia de Cristo. Su candelero se quitará (Apocalipsis 2:5). La expresión "sujeta a Cristo" está en pleno contraste con "sujeta a" otra autoridad re­ligiosa. La Iglesia Católica Romana está sujeta al Papa; los grupos protestantes o evangélicos están sujetos a sus concilios; los mormones están sujetos a José Smith y la jerarquía de esa iglesia; los "Testigos" están sujetos a la Torre de Vigia, etc.
          Los hermanos en Cristo pueden caer en el mismo error y estar sujetos a los "ancianos patrocinadores", o a otros hom­bres de influencia en la iglesia. Re­cuérdese que Cristo todavía tiene toda potestad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18).
          -- "así también las casadas lo estén a sus maridos en todo". De la misma manera las hermanas deben reconocer la autoridad de sus maridos. La hermana que reconoce que Cristo es la cabeza de la iglesia debe entender también que el marido es la cabeza de la familia. Esto significa que ella no debe tomar en sus propias manos las riendas para dirigir la familia. Hay hermanas que pueden ver claramente que la insubordinación a Cristo es pecado, pero no pueden ver que la insubordinación de la mujer a su marido es pecado, pero la mujer que no esté su­jeta a su marido tampoco está sujeto a Cristo.
          Hay mujeres que tienen más edu­cación formal que sus maridos, y aún pueden ga­nar más dinero que sus maridos. Pero esto no les da el derecho de cambiar el orden de Dios. La mujer muy educada y de grandes capacidades debe casarse con algún hombre a quien pueda respetar como su cabeza. Porque no es nada inteligente la mujer que no acepte el pa­pel de la mujer asignado por Dios.
          "Porque el varón no procede de la mu­jer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón" (1 Corintios 11:8,9). Este texto da énfasis al propósito de Dios en crear a la mujer para ser una "ayuda idónea" para el hombre (Génesis 2:18). Ella, como ayuda idónea, debe identificarse con su marido en todo. Debe estar siempre muy interesada en él, en su trabajo, en sus problemas, y en todo as­pecto de su vida, para apoyarle y ayudarle. Debe servir siempre de aliento, y nunca de estorbo.
                   5:25 -- "Maridos, amad a vuestras mu­jeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella". La mu­jer debe estar sujeta al marido como la iglesia está sujeta a Cristo, para que el marido ame a su esposa como Cristo amó a la iglesia. Y el marido debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia, para que su esposa se sujete a él como la iglesia está sujeta a Cristo.
          Cristo es el ejemplo de amor para el marido. ¡Qué modelo perfecto! ¿Quién puede imitar el amor de Cristo para su esposa, la iglesia (2 Corintios 11:2)? Si el marido ama a su esposa como Cristo amó a la iglesia, estará dispuesto a hacer sacri­ficios por ella. Estará dispuesto a sufrir y aun a morir por ella. Esta clase de amor destruye el egoísmo. ¡Cuántos divorcios se evitarían si hubiera más amor tan sincero!
          Este amor del marido debe ser expre­sado en el afecto, en la simpatía, en el apoyo, en el consuelo, en la comprensión, en la paciencia, y sobre todo en la consideración. Debe vivir con ella sabia­mente (1 Pedro 3:7). "Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas" (Colosenses 3:19). La crueldad en la familia es algo inexplicable.
          El machismo indica un complejo de in­ferioridad, una inmadurez casi incalcu­lable, y sobre todo una profunda ignoran­cia y falta de cultura. Muchos hombres son crueles ("ásperos") con sus esposas, porque se sienten frustrados en su trabajo o negocio, y buscan "víctimas". No se atreven a golpear al verdadero objeto de su enojo, pero quieren golpear a alguien. Por tanto, la esposa y los hijos llegan a ser sus víctimas.
          Este comportamiento no coincide en ningún sentido con la actitud de Cristo para con su iglesia. El "se entregó a sí mismo por ella", para demostrar su gran amor por ella.
          5:26 -- "para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra". Recuérdese que Dios "nos es­cogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él" (Capítulo 1:4). "La voluntad de Dios es vuestra santificación" (1 Tesalonicenses 4:3). La palabra "santificar" significa sen­cillamente "apartar". Dios nos dice repeti­das veces que debemos apartarnos de toda especie de mal. Somos un pueblo separado del mundo. Cristo murió para efectuar esta separación. La persona que profesa ser cristiano pero que no quiere apartarse del mundo menosprecia la san­gre de Cristo.
          -- "el lavamiento del agua por la pa­labra", el bautismo en agua para perdón de los pecados (Marcos 16:16; Hechos 2:38; 22:16). Dios "nos salvó... por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo" (Tito 3:5), texto que coincide perfectamente con Hechos 2:38. Aunque 10,000 pastores sectarios digan que no es cierto, somos purificados por el bautismo, que es "el lavamiento del agua por la palabra".
          -- "por la palabra". "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad". El nuevo nacimiento se efectúa por medio de la palabra (1 Pedro 1:23; Santiago 1:18; 1 Corintios 4:15). El evangelio es la semilla que pro­duce la nueva vida. La palabra obedecida purifica el alma (1 Pedro 1:22).
          5:27 -- "a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa". Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento el pueblo de Dios se llama su esposa. Véanse Isaías 62:5; 2 Corintios 11:2, 3; Apocalipsis 19:6-8; 21:2, 9. Se hace esta com­paración para dar énfasis al amor de Dios por su pueblo, y el amor que su pueblo debe sentir por El, y para recordarnos de la gran necesidad de la santificación y la pureza.
          5:28 -- "Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama". Son una sola carne. Son uno. Lo que afecta a la esposa también afecta al marido. El marido que promueve el bienestar de su esposa promueve al mismo tiempo su propio bienestar. El marido que busca la felicidad para su es­posa busca su propia felicidad. El marido que honra a su esposa honra a sí mismo. Pero el marido que maltrata a su esposa practica una forma de autodestrucción. El que no ama a su esposa no se ama tam­poco a sí mismo. El que aborrece a su es­posa se aborrece también a sí mismo.
          5:29 -- "Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia". El marido no aborrece a su propio cuerpo, y por lo tanto, no debe ser áspero (cruel, amargo) con su esposa. El hombre sus­tenta y cuida su propio cuerpo, y es una sola carne con su esposa; debe, por lo tanto, sustentar y cuidar a su esposa, ya que ella es como un suplemento de él, o una extensión de él, de su cuerpo y de su vida. Dijo Adán, "Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada" (Génesis 2:23). Todo marido debe considerar a su esposa como otra Eva, como tomada de su propio costado.
          -- "la sustenta y la cuida". Sustentar o nutrir quiere decir alimentar y sostener. La palabra traducida "cuidar" o "regalar" se usa en 1 Tesalonicenses 2:7, "Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos". Expresa la idea de cariño, calor, amor tierno.
          El marido que tiene esta actitud hacia su esposa imita a Cristo. Provee toda cosa necesaria para ella, no solamente comida, ropa, casa, protección, sino también el cuidado espiritual y emocional.
          -- "como también Cristo a la iglesia". Otra vez, se refiere al perfecto dechado. El marido debe sustentar y cuidar a su es­posa como Cristo sustenta y cuida a su iglesia.
          5:30 -- "porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos". Su cuerpo es la iglesia (Capítulos 1:22,23; 4:4). Somos participantes de todas las bendiciones es­pirituales en Cristo (Capítulo 1:3). Nuestra unión es verdadera, íntima y fuerte. Cristo es la cabeza, y toda la fuerza y vitalidad pro­cede de Él.
          5:31 -- "Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne". Este texto tan importante (Génesis 2:24) es citado por Jesús (Mateo 19:5) y aquí por Pablo, para que el marido reconozca que su esposa es otra parte de él mismo. "Así que no son ya más dos, sino una sola carne" (Mateo 19:5). Efesios 1:23 dice que la iglesia es "su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo".
          Cristo, la Cabeza, necesitaba de un cuerpo; la iglesia es el complemento de Cristo. En un sentido, la iglesia lo com­pleta. Así también el hombre necesita complemento, "una ayuda idónea para él" (Génesis 2:18).
          -- "se unirá" para el resto de la vida.
          5:32 -- "Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la igle­sia". Un misterio es algo no entendido por los hombres sin alguna revelación de Dios. Desde el prin­cipio cuando Dios juntó al primer matri­monio, esta unión ha simbolizado en su mente la unión de Cristo y su iglesia, pero hasta ahora, en Efesios se revela.
         
          5:33 -- "Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido". Pablo emplea el verbo "agapao", el amor que describe a Dios (1 Juan 4:8; Juan. 3:16), y es el amor que el Espíritu Santo produce en nuestros corazones (Gálatas 5:22). Este amor nos mueve a sacrificarnos para el bienestar de la persona amada.
          -- "la mujer respete a su marido", La mujer cristiana tiene una reverencia sana y apropiada para su marido. No es temor, como de un tirano, sino una combinación del amor, res­peto, gratitud y sujeción.




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