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viernes, 24 de julio de 2015

Estudio del Salmo 3, preparado por el Pastor Armando García ULCM



Vale la pena mencionar que el libro de los Salmos ha sido el canto universal de la Iglesia. Las personas de todas las naciones han encontrado en sus composiciones, alabanzas y cantos un lenguaje que se acomoda a todos los sentimientos, expresiones de gozo y de profundas tristezas y los deseos interminables del corazón hacia Dios.

En este Salmo, David se queja con Dios de sus enemigos y busca desesperadamente la ayuda del Padre Celestial. El énfasis de este salmo es la importancia de confiar en Dios, en medio de las dificultades de la vida.

Salmo de David, cuando huía de delante de su hijo Absalón.
1¡Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí;
muchos son los que dicen de mí:
«No hay para él salvación en Dios.» Selah
Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
Con mi voz clamé a Jehová
y él me respondió desde su monte santo. Selah
Yo me acosté y dormí,
y desperté, porque Jehová me sustentaba.
No temeré ni a una gran multitud
que ponga sitio contra mí.
¡Levántate, Jehová! ¡Sálvame, Dios mío!
Tú heriste en la mejilla a todos mis enemigos;
los dientes de los perversos rompiste.
La salvación es de Jehová.
¡Sobre tu pueblo sea tu bendición! Selah
Oración matutina de confianza en Dios
Luego de un salmo complejo y teológico (Salmo 2), viene uno mucho más sencillo y práctico.  El contexto de este salmo, es el momento en el que David tuvo que huir de Jerusalén, para salvar su vida, cuando su propio hijo, Absalón, se sublevó.  Por ser una historia larga puede consultar los detalles históricos en  2 Samuel Capítulos 15 al 18. 

Es importante decir que la sublevación de Absalón fue parte de la disciplina de Dios hacia David. En el Salmo 1, vimos la prosperidad que Dios promete al creyente que vive en obediencia a Él.  En este salmo, vemos las consecuencias tristes, para el creyente que deja de andar en los caminos de Dios, y se olvida de Sus mandamientos.   Sin embargo, en medio del sufrimiento, el Salmista pone su confianza en Dios.  Esto nos enseña que aun cuando estamos siendo disciplinados por Dios, o sufriendo las consecuencias de nuestro propio pecado, debemos seguir confiando en Su poder y misericordia.

Estudiemos versículo por versículo.

1¡Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí;

David comienza el salmo describiendo a sus adversarios – el número de ellos, lo que estaban haciendo, y lo que estaban diciendo.  La palabra, “adversarios”, en el idioma original, significa ‘el que aprieta’, ‘el que causa dolor’.  David indica que estos adversarios se habían “multiplicado”.   La forma en que David lo describe, expresa sorpresa: “¡cuánto se han multiplicado mis adversarios!”.  No podía creerlo. 

Al salir de Jerusalén, David huyó con 600 soldados pero los enemigos de David contaban con al menos 12,000 Como el mensajero en 2 de Samuel 15:13 lo expresó, “El corazón de todo Israel se va tras Absalón”.

¿Cómo explicar esto?   ¿Cómo era posible que un hombre ‘conforme al corazón de Dios’ haya perdido el apoyo de toda su gente?  La verdadera razón fue la mano disciplinaria de Dios. 

Lo más triste para David fue que estos adversarios estaban siendo liderados por su propio hijo, Absalón.   ¿Qué pudo motivar a un hijo a rebelarse contra su propio padre?  David lo amaba, lea usted el clamor o llorando de David hacia su hijo en 2 Samuel 18:33.
¿Qué querían estos adversarios?  David dice, pues quitarle el trono, para que ya no reinase sobre ellos.  La actitud de su pueblo fue similar a la de los reyes paganos Samos 2:1-3 estudiados la vez anterior.   Toda clase de gente se levantó contra David.  Viejos enemigos aprovecharon esta oportunidad, uniéndose a Absalón, para hacerle daño a David.  Mucha gente, que por sí sola no hubiera tenido las agallas para levantarse contra el rey, usó ese momento para atacar a David.  Seguramente en esta etapa, David  reflexionó mucho sobre su vida pasada – su liderazgo y comportamiento.  La disciplina de Dios siempre es para bien, para enseñarnos muchas cosas.


muchos son los que dicen de mí:
«No hay para él salvación en Dios.» Selah

David era consciente de la gran dificultad en la que se hallaba.   Muchas personas le aseguraban que no tenía esperanza. Estas palabras probablemente significan simplemente, ‘ni Dios puede ayudarle en esta situación’.  Tal comentario podría haber hecho sentir a David que no debía esperar que Dios le ayudara, debido a que la sublevación de Absalón se debió a la disciplina de Dios.

En tiempos de sufrimiento, parte de la estrategia de Satanás es hacernos sentir que no hay esperanza de que Dios nos ayude.  Aprendamos a hacer caso omiso dichos pensamientos.

La palabra hebrea Selah es una pausa musical entre los versículos. San Agustín, uno de los grandes teólogos de la humanidad, dio como traducción la palabra Selah por diapsalma, dice: “Diapsalma interpositum in canendo silentium significat”. El diapsalma interpuesto en el canto denota silencio.

Hay varias interpretaciones de esa expresión que en algunos salmos la menciona. El Selah, que podríamos llamar la sagrada pausa del Salmista, al presentarse después de una verdad importante o de un pensamiento nuevo, no requiere nada más: la lengua calla; tal vez el arpa o el salterio sigue repitiendo en melodiosa cadencia la última frase del cantor, mientras nuestros corazones, asintiendo interiormente a la verdad divina, comprenden que aquel Selah es nuestro amen.

Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
mi gloria, y el que levanta mi cabeza.

Con mi voz clamé a Jehová
y él me respondió desde su monte santo. Selah


¿Cómo pudo David confiar tanto en Dios, en una crisis como esta?   Veamos DOS razones principales. Miró a Dios.

¡Esto es fundamental!   Cuando Pedro salió de la barca, y comenzó a caminar sobre las aguas, el momento en que dejó de mirar a Jesús, comenzó a hundirse. En el ámbito espiritual pasará lo mismo con  nosotros.  Felizmente, David hizo lo que Lucas el autor de Hebreos nos exhorta a hacer: “puestos los ojos en Jesús”.

Rodeado de tantos problemas, y tantos enemigos, David decidió fijar su mirada en y al hacerlo, se acordó de varias cosas: Dios era su escudo.

El escudo era una pieza importante en la defensa de un soldado.  En los tiempos antiguos, a veces el escudo era grande, y brindaba protección total para el cuerpo del soldado. 


Dios era su gloria. Humanamente hablando, David estaba en una situación tremendamente vergonzosa; había perdido toda la ‘gloria’ de ser rey.  Estaba siendo perseguido por su propio hijo, y era rechazado por muchos en Israel.  Sin embargo, en ese momento reconoció que su verdadera ‘gloria’ estaba en Dios.  

Dios era el que ‘levantaba su cabeza. Cuando somos deshonrados o avergonzados, agachamos la cabeza; pero cuando somos honrados, levantamos la frente.  David confiaba que Dios iba a ser “el que levanta mi cabeza”.  La Versión Popular traduce, “eres quien me reanima”.  

Sintió la Presencia de Dios

Dios estaba con David.  Él lo sabía y lo sentía, porque comenzó a mirar a Dios, y a recordar Sus atributos. 
Claramente, David estaba disfrutando de la presencia de Dios en su vida, en medio de las dificultades.  ¡Esta es la clave para poder responder bien frente a las adversidades de la vida!

Yo me acosté y dormí,
y desperté, porque Jehová me sustentaba.

No temeré ni a una gran multitud
que ponga sitio contra mí.


La confianza en Dios ayudó a David a enfrentar una situación muy difícil.  Notemos los cuatro verbos que utiliza.

me acosté.  Toda persona cansada desea acostarse.  Sin embargo, no es tan fácil acostarse cuando uno está rodeado de enemigos.  Lo normal es quedarse de pie, ante la eventualidad de cualquier ataque nocturno.  Sin embargo, tal fue la fe de David en este momento, que pudo acostarse y descansar.

dormí”.   David no solo se acostó, sino que logró conciliar el sueño.  Esto es también sorprendente, dado el contexto. Una cosa es acostarse; otra es poder dormir.  El hecho que David pudo dormir, en esta situación, indica una fe tan grande, que le dio suficiente tranquilidad mental, propicia para el sueño.

desperté”.      El verbo ‘despertar’ señala la protección de Dios.  David gozó del cuidado de Dios durante toda la noche. Fue ese cuidado que lo mantuvo vivo frente a las amenazas de Absalón y que le permitió abrir sus ojos en la mañana.


 “No temer”.  Aunque sus enemigos eran formidables y la situación aún no se había resuelto, David se sentía tremendamente tranquilo.  David sabía que el secreto de la victoria no estaba en números, sino en UNO que es el todopoderoso  Dios.  Para el Omnipotente, pelear contra uno o pelear contra 10,000 es igual; no hay mayor desgaste para Él.  Por eso, nunca debemos mirar solo lo que se ve, sino en la realidad espiritual y eterna – el Apóstol Pablo dijo en Romanos 8:31:

 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Con esa confianza, David decide orar al Señor.  Sabía que la rebelión de Absalón era parte de la disciplina de Dios; sin embargo, rehusó a desanimarse, y siguió confiando en Dios.  Confió que a pesar de la disciplina, Dios tenía un propósito para su vida, y por ende clamó a Dios, y pidió que lo ayudara.

¡Levántate, Jehová! ¡Sálvame, Dios mío!
Tú heriste en la mejilla a todos mis enemigos;
los dientes de los perversos rompiste.
La salvación es de Jehová.
¡Sobre tu pueblo sea tu bendición! Selah

¿Qué fue lo que David pidió a Dios?   Notemos las tres frases principales:


Levántate, JehováDavid pide a Dios que se levante; que se levante para actuar a su favor.  Al orar de esta manera, David da a entender que hasta este momento Dios no se había levantado; no había hecho nada por ayudarle.  Por eso, sabiendo que un momento decisivo había llegado, la fe de David lo llevó a pedir la intervención directa y evidente de Dios.

sálvame, Dios mío A pesar de la protección divina durante la noche (v.5), David era consciente de aun estar en peligro.  Por eso pide la salvación de Dios; una ‘salvación’ física.

Sobre tu pueblo sea tu bendición Como un buen rey, David termina el salmo, no con un pedido personal, sino deseando la bendición de Dios sobre todo el pueblo de Israel.  David pide ser protegido, pero no solo para su bien, sino para el bien del pueblo de Dios.

Conclusión

David concluye con una tremenda afirmación, que encierra el sentir de todo el salmo: “La salvación es de Jehová”  Los hombres pueden amenazar y amedrentar, pero es Dios quien tendrá la victoria, y todos aquellos que confíen en Él.  Leamos Proverbios 21:31.

El caballo se apareja para el día de la batalla, pero Jehová es quien da la victoria.


David era consciente de la disciplina de Dios y no apela a su justicia sino a la justicia de Dios.  Dios es un Dios que castiga a los “perversos” Dado a que Absalón estaba actuando ahora como un ‘perverso’, sublevándose contra su propio padre, David pide la intervención de Dios.
David apela al hecho que en tiempos anteriores Dios lo había salvado por eso, apela también a la fidelidad de Dios. En su momento de necesidad, David se acuerda que Dios le ayudó anteriormente contra Goliat y otros. Con el fin de colocarlo sobre el trono de Israel, Dios había derrotado a todos los enemigos de David.   Dios debía hacerlo otra vez ahora, para mantener a Su siervo como rey de Israel.

Pastor Armando García ULCM

Asista a los estudios del Libro de Salmos cada viernes a las 7:00 pm durante nuestra noche de oración y alabanza de nuestra iglesia Alpha & Omega en la ciudad de Querétaro, México. Para más información hable al 442-497-1360.






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